V. Parte. “Non
mi lasciar!”
31. Viktor: Mi exilio
Dubrovnik, julio de 1934
Los judíos tienen costumbres realmente extrañas,
como esa de que tras la desfloración de la esposa deben estar los recién
casados separados por una semana. Pobre Violante, que manera de comenzar su
vida de casada. Como compensación se había vuelto milagrosamente bella, al
menos eso es lo que decía mi hermano.
Los planes de Davide eran estarse toda la semana de
veda en Dubrovnik en mi compañía y pasar la luna llena juntos como en nuestra infancia.
Sólo después regresaría a Trieste a una esposa purificada y dispuesta para la
luna de miel.
A última hora, se sumó un tercer huésped a nuestra
comitiva. Nuestra sobrina Ettie insistió en acompañarnos. Tras conseguir permiso de Rozal Delmedigo, viajó con
nosotros hasta Dalmacia. Desde su conversión en mujer y loba, Davide y yo la vigilábamos
constantemente tratando de adivinar con que nueva sorpresa nos saldría.
Nuestra primera duda obtuvo respuesta luego de acaba
el periodo menstrual de a niña loba. Ettie, podía transformarse a voluntad sin
necesidad de sangre o de ser iluminada por la luna llena. Solo necesitaba
cantar... ¡e ipso facto! Volverse humana exigía una oración. Mientras Ettie
poseyera el don de la aabra aun en piel de loba, su metamorfosis era cosa
sencilla. Lo en cuestión seguía siendo el repertorio que la llevaba a volverse
licántropa Como nos recordase Violante, Ettie había cantad en su esenia sin que le crecieran los colmillos. Resolver ese acertijo fue lo que nos tuvo ocupados
esa semana yugoeslava.
En Dalmacia teníamos dos residencias, el como del lujo,
a nuestra disposición: La villa en el pinar de Lokrum que mi madre había
comprado, y la vieja casa ancestral de los Galante en Dubrovnik. Aunque la villa de Lokrum era más espaciosa y
elegante, Ettie insistió en que nos quedáramos en tierra firme, con la excusa de que había prometido a Gavrilo
cuidar de su huerto, ya que entre limoneros y naranjos mi sobrino y sus hijas
cultivaban berenjenas y coles tal como el Dr. Pangloss de “Cándido”.
Fue ahí en ese huerto donde pasamos horas
experimentando con la voz de Ettie quien cantaba sin cesar Violino Tzigano, Portami tante Rose, y temas de Tino Rossi y Crivel
sin llegar a ninguna parte. ¿Era posible que Ettie se transformase solo con el
tema de Jeannette McDonald o cuando se
alterase? Davide consideraba que lo último era peligroso y le había recetado
unas píldoras para los nervios que parecían surtir efecto.
Yo, menos científico, quería satisfacer mi curiosidad
y la seguí instando a cantar cuanta canción estuviese de moda. La pobre me daba
en el gusto y cantaba hasta quedarse ronca canciones en inglés que sospechaba yo
podía ser el eslabón perdido. Ya estaba casi afónica y a punto de mandarme a paseo cuando el milagro ocurrió. El eslabón resultó ser I’ve got Five Dollars.
Ahora teníamos otra pieza del rompecabezas. Para transformarse, Ettie
necesitaba canciones de Rodgers&Hart. A mi me parecía myu lógico, pero a mi
hermano no
―No tiene sentido. Como algo tan delicado como un
cambio de piel va a estar sometido a los caprichos de Tin Pan Alley?
Sin embargo no había dudas, Ettie solo se
transformaba con ayuda de dos glorias de Broadway. Incluso cantar la versión italiana de
"Blue Moon" tenía el mismo efecto. Estaba yo muy orondo con mi
descubrimiento cuando al día siguiente después del desayuno, mi sobrina comenzó
a tatarear “Stormy Weather”.
Inmediatamente, los colmillos sobresalieron de su
labio como los de Bela Lugosi en Dracula. Ya, dicho el Shema, y vuelta la calma
comenzaron las interrogantes. ¿Eran solo las canciones americanas de moda las
provocadoras de transformaciones de Ettie? La resuesa era totalmente negativa, porque no había manera qie Etie se transformara cantando nada de Cole Porter.
― ¿Quién escribió Stormy Weather?―Preguntó mi
hermano
Ettie que era una experta en todos los chismes de Hollywood
y Broadway contesto rápidamente.
―Harold Arlen, que en realidad se llamaba Haym Arluck, y
era carnicero.
―Ecco! Anunció
Davide admirado― Ettie se convierte en loba con ayuda de canciones escritas por
judíos.
Al veme con cara escéptica, Davide chasqueo los dedos
y corrió al piano propiedad sacrosanta de Tamara Galante. Tras hurgar entre las
partituras encontró una de una lied de
Mahler. Después de un breve momento de
inseguridad por parte de Ettie,lo de la cantada era un fenómeno
reciente y el alemán no era un idioma que
le fuera familiar, lo intentó. Davide estaba en lo cierto, porque antes de un
minuto ya la teníamos de regreso con rabo y orejas puntiagudas. Era asombroso como funcionaba todo respecto a Ettie y aunque ella parecía sentirse cómoda,
Davide y yo a sus espaldas nos preocupábamos. ¿Qué seria de su futuro?
―¿Te has percatado de algo?―dijo mi hermano―Violante con sus
canciones invoca a los ángeles y Ettie cantando se vuelve loba. El poder ahora
está en la voz de las mujeres de nuestra familia.
A pesar de lo acogedora de la casa y de la proximidad
del mar, en chez Galante no contábamos
con el adelanto moderno de un teléfono, por lo que esa mañana Davide y el
Hispano Suiza se habían marchado a la ciudad en busca del algún medio con el
que pudiera comunicarse con su amada esposa.
Para pasar el tiempo, mi hermana y yo nos pusimos a
jugar póker en la mesa de la cocina. Como siempre, Ettie ganaba. Imaginé que hacia trampa, pero me
guardé esa certeza para mis adentros. No quería destruir la armonía fraternal
que reinaba en esa cocina donde oscuros aparadores de cerezo y azulejos color Adriático imponían una nota
policroma en el aburrido gris de las paredes.
―Davide dice
que apenas pueda me mandará hacer un retrato de la nueva Violante. ¿Realmente
se ha puesto tan guapa como dicen? ― pregunté, tratando de distraer a Ettie de sus artimañas
con los naipes.
Mi sobrina
arrugó la nariz y lo pensó antes de responderme.
―Tal vez. A mí nunca me ha pareció tan fea como decís...
―Pero dijiste que tenía cintura de vaca ― escudriñé
sus flexibles dedos Shedim tratando de detectar si sostenían mas cartas que lo
debido.
―Es cierto. Me costó un mundo ensanchar su vestido
de novia.
Bajo la guía de Nuestra Señora, a Ettie le había bajado la pasión por la
costura. Sorprendentemente, tenía gusto y creatividad y esos dedos tan ágiles y
tan tramposos eran maestros de la aguja. Por eso, Dass le había llevado el
vestido de novia de Violante para que la
costurera Shedim lo transformase.
― Pero qué guapa se veía el día de su boda ― agregó.
―No hay novia fea ― respondí con escepticismo ―Y tú no eres muy entendida en cosas de belleza.
Hasta crees que Gavrilo es guapo.
La ira fulguró en sus ojos color ámbar. Era un
secreto a voces, que ella misma propagaba, que Ettie bebía los vientos por su tío
político. Mi sobrina juraba ama a Gavrilo Galante con todo ese amor adolescente
digno de una Julieta Capuleto, y no le
gustaba que se burlasen de sus sentimientos. A veces, yo lo hacía porque me
divertía ver su carita contrariada donde sus ojos se ponían el doble del tamaño
normal.
―Eres un bruto―me escupió exactamente como un gato―.
Y como todos los humanos sólo ves el envoltorio. ¿Qué importa que Violante sea
bella ahora o no? Sigue siendo la mujer de tu hermano.
Al abuelo Azazel le aceptaba insinuaciones, pero solo
a él. Ettie estaba pasándose de la raya.
― ¿De cuándo acá alardeas tanto de moral? ¿Crees que
no he visto como haces trampa? ― le reproché irritado.
Ante mi sorpresa, Ettie bajó los ojos y sus mejillas
se tiñeron de rosa. Yo esperaba que se enojara, pero como buena Shedim, era imprevisible.
― No puedo evitarlo. Así me enseñaron― dijo con un hilito
de voz.
Razón no le faltaba. A Ettie le enseñó a jugar póker
nuestra madrastra, y el Diablo siempre hace trampas.
Ettie era una criatura extraordinaria, a pesar que
apenas comenzaba a desarrollar su personalidad. Se encerraba en ella lo mejor y
lo peor de sus padres, o al menos eso decía Su Majestad .Al comienzo no le creímos.
De pequeña, Ettie era una criatura simiesca que se comunicaba nada más con
chillidos y silabas. . A los diez años, todavía le costaba erguirse y se movía
usando todas las extremidades como un chimpancé. Podía reconocer gente y
objetos que en su media legua se convertían en palabras de dos o tres letras,
por lo que hasta su madre la llamaba “No”.
Rozal venía una larga familia de “kumadris”,
curanderas expertas en magia y metafísica por lo que aceptaba con filosofía el
retraso de su nieta, pero su espíritu de gran dama se rebelaba ante la
vergüenza de ser abuela de una criatura subnormal que se comunicaba mejor con los gatos que los humanos. Pero ahora, Ettie era un ser diferente, lo que podía
ser peligroso porque ponto comenzaría a toma sus propias decisiones.
― ¡Qué tarde es!― dijo mi sobrina, señalando el
reloj.― Cómo se demora Davide. ¿Tantas ternezas tiene que decirle a su mujer?
Efectivamente Davide se había demorado mucho.
Ettie fue en busca de las camisas de Gavrilo y de otras
prendas que necesitaban zurcido. Yo me entretuve haciendo solitarios y mirando
el reloj, hasta que por fin oímos llegar el sonido del motor del Hispano Suiza.
No llegamos a preguntarle la razón de su tardanza
porque Davide traía una expresión extrañísima. Un cruce entre quien tiene un secreto
que no se atreve a revelar y el entusiasmo de quien emprende una nueva
aventura.
― Quiero que te sientes― me dijo ―y no me
interrumpas que lo que te voy a decir es muy grave.
Me senté y me dispuse a escucharle.
―Mi mujer me acaba de dar una noticia extraordinaria,
diría espeluznante. Tuve que llamar a Viena para confirmarla. No te imaginas qué
odisea. Las líneas están atochadas. Por fin hablé con Lilo...
Aunque me exigía silencio, la preocupación me hizo
ponerme de pie.
― Ya suelta. ¿Qué sucede?
Davide titubeó antes de continuar.
―A mediodía, una turba de Nazis han matado a
Dollfuss.
![]() |
| Cadáver de Dollfuss (kingsacademy.com) |
No conseguí digerir la noticia de inmediato. Una
punzada en el intestino me indicó que mi estomago comprendía antes que mi
cerebro.
― A los asesinos les tienen sitiados en la
cancillería, pero nadie sabe si otros grupúsculos se puedan levantar. ¿Tú no
sabías nada de esto? ¿Verdad?
Le lancé una mirada tan negra que puso cara de
disculpas.
― Y van Egmont, ¿Crees que sabía algo?―pregunto mi
hermano.
Comencé a sentir una horrible impresión de ser
sorprendido sentado en el inodoro. Göring debía saber de este levantamiento de seguro.
¿Y mi suegro?
― No creo. Hubiese hecho que Mausi saliera de Viena.
El recuerdo de mi hija borró todo otro pensamiento de mi cabeza.
― Me voy a Viena de inmediato.
La pesada mano de mi hermano en mi hombro me obligó
nuevamente a sentarme
― Tú no te mueves de aquí. No creo que haya
transporte para Viena. Las fronteras deben estar cerradas. Lilo dice que Mausi
y tu madre están bien, en su casa y que Bithia te manda decir que por ningún
motivo te presentes por allá. Yo, en cambio, regreso a Italia inmediatamente ―
se volvió hacia Ettie ― Tú te vienes conmigo.
― ¿Que tienes que hacer en Italia? ― De pronto todo era real e inconcebible a la
vez. Los Nazis en Viena, Dolfuss muerto, y yo tan lejos.
― Comprenderás que esta canalla no ha actuado sola ―
El tono de mi hermano era irritantemente
displicente ― Adolf está detrás de esto, y el único que le puede detener
es el Duce.
La idea del Mussolini como campeón de Occidente me
parecía grotesca.
― ¿Y acaso el Duce está interesado en detenerle?
La mirada escandalizada de Davide era digna de
fotografiarse.
― Me lo ha dicho Violante que lo escuchó por la
radio, y después de hablar con Lilo, llamé al Coronel Viterbo que me contó detalles. Madame Dollfuss
y sus hijos están en Roma, invitados de la familia Mussolini. Imagínate, El
Duce dándoles la noticia. Esto es una doble afrenta que Benito no ha de dejar
pasar. Viterbo dice que nuestro batallón se marcha a la frontera. Me reuniré
con ellos en el Brenero. ¡Ettie, anda a arreglar tu equipaje! Le pediré a Rozal
que envié a alguien a buscarte.
― Me quedaré con Viktor ― anunció mi sobrina con esa
voz de “non sequitur”.
Davide sabía cuando se podía discutir o no con la
hija de nuestra hermana
― Si lo prefieres…te quedas, pero con una condición.
Haz de impedir que Viktor haga ninguna locura y no le has de dejar solo.
Tenía muchas ganas de hacer locuras, pero mi lado práctico
me venció.
Esa tarde Davide se puso su uniforme y cargando un
maletín tomo el camino a Liubliana.
― ¿No se supone
que no puedes vestir el uniforme fuera de Italia?
Davide se irguió lleno de un orgullo que le añadía más
centímetros de altura.
― Quiero que todo el mundo sepa. Que todos se
enteren de lo que Italia planea hacer.
Mientras lo observaba acomodarse la gorra de plato
en el espejo del pasillo, entendí la mirada de entusiasmo en los ojos de mi
hermano. Era la excitación del soldado que ve por fin llegar el momento de probar
su valor en el campo de batalla. Pero además, era el gozo de saber que por fin
Italia demostraría al mundo su poder, su razón de ser, y que los judíos serian
parte de esa Cruzada Santa en contra dela barbarie Nazi.
Dentro de mí nunca ha existido ese espíritu
guerrero, y eso que la vida me ha llevado a matar hombres. Y nunca experimenté
ese amor ni por una causa ni por una bandera. Ese día sentí envidia de mi
hermano.
Tras la partida de Davide, Ettie no se me despegó ni
un momento. Milagrosamente me dejaba ir al baño solo. Era enervante, pero sin
su presencia, creo que hubiese cometido la locura de intentar llegar a Austria.
Ettie lo comprendía.
― Si eres bueno, esta noche intentaré comunicarme con
algún Shedim para que vuele a Viena a ver como están las cosas.
No hubo necesidad, porque las cosas se solucionaron
muy rápido. Al día siguiente, para cuando
velaban el cadáver de Dollfuss en Viena, y sus asesinos andaban escondidos o en
fuga, Davide estaba en su regimiento. Su transformación la pasó escondido en la
enfermería del cuartel.
Mi hermano no llegó
a ver combate, pero su sueño de una Magna Ítalia si se cumplió. El Duce se volvió
uno de los hombres mas admirados del mundo. El solo se enfrentaba a Hitler, que
cada día parecía ser más imparable.
Irónicamente
yo fui uno de los caídos en esa batalla. El nuevo gobierno de Schusnnigg puso a
los Nazis fuera de la ley. Por trabajar para Goering me convertí en persona non grata en la tierra que
habían gobernado mis antepasados. Era un desterrado que no tenía permiso para volver
a Austria ni siquiera a besar a mi madre, a ver a mi hija o a recoger los
calzoncillos que dejara en mi cómoda. Así de absurdo se había vuelto el mundo.
Me fui a
Alemania a interrogar a mi suegro. Van Egmont me juro que él nada sabia del putsch. Le creí. Goering un poco
irritado confesó que sí tenía alguna idea aunque no lo aprobaba.
― El Fuhrer a
veces es un poco impulsivo. Confió
demasiado en los nazis austriacos― Me sirvió una copa de su mejor brandy como
para compensarme por mi destierro.― ¿Harás traer á tu hija a Alemania?
― ¡Jamás! ― casi escupí mis palabras.
Goering se encogió
de hombros.
― Tú sabes que
esto es nada más que un preámbulo. Ya os lo dije a tu madre y a ti. Es todo
cosa de tiempo. ― Algo en mi cara le hizo ver que era mejor cambiar de tema ―
¿Te vas a instalar en Berlín definitivamente?
― Creo que me
quedaré en Lokrum por el resto del verano.
― Excelente,
excelente ― el buen humor volvió al obeso cuerpo de m patrón ― Y ya que estás
ahí puedes revisar algunas piezas de arte medieval en la costa dálmata que quizá
me puedan interesar.
Me costó disimular
el asco al mirarlo.
― Pero si
vosotros no tenéis interés en Yugoslavia. ¿O acaso planeáis invadirla también?
Goering me
lanzó una mirada críptica.
― Uno nunca
sabe. Liebe Viktor.



Qué ternura, y a la vez qué pena, este Davide, ilusionado con que Il Duce pudiese plantarle cara al nazismo... lindo ejercicio de historia contrafáctica: ¿qué hubiera pasado si Mussolini hubiera defendido a los judíos?
ResponderEliminarEs una pregunta muy peligrosa que se la hacen constantemente los fascistas italianos, al igual que los judíos italianos de Derecha. Vale pensar que antes de la invasión a Etiopía, el régimen italiano era admirado en todo el mundo y Mussolini era ídolo de Churchill, Roosevelt, Gandhi y Freud.
EliminarSí, es un tema de lo más delicado... Mussolini confundía a cualquiera, al principio, con esa cosa de su proveniencia izquierdosa. Hasta uno podría preguntarse qué pasaba por su cabeza, cuánto tendría ya meditado de su sistema y cuánto habrá sido oportunismo... algunos lo creen el "gran oportunista"...
EliminarAquí en mi país también tuvo sus émulos, tema que más vale ni toco porque aún hoy despierta tremendas pasiones, jaja!
Cersei no me dejó responderte anoche. Todo gobierno extremista, por paternalista que sea, termina siendo tiránico. El General es lo más parecido a Mussolini que haya existido (no como Chaves que era una parodia del Duce), pero me horrorizó leer como trataba a sus opositores ni hablar de los enemigos de Evita.
EliminarUna puede admirar ciertos aspectos del gobierno fascista, pero no se pueden olvidar dos factores omnipresentes: la represión de libertades personales y el dominio que ejercen sobre los jóvenes. A pesar de no llegar a extremos como los de los Nazis o de países comunistas, en Italia también el estado intentó reemplazar a la familia e impuso su maquinaria de adoctrinamiento. Esa es una estupidez que hasta los sionistas quisieron imponer en los kibutz y les fue cm en feria (después de todo los judíos y los italianos tenemos las culturas más “domésticas” del mundo) Al final, por torpe que sea, la democracia sigue siendo el único modo de gobierno viable.