Las Siete Puertas de María Hebrea


(Registrado en la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Santiago de Chile. Abril del 2010 # Registro 190084)

La Puerta de las Tempestades

“Esta primera puerta debe abrirla quien conozca de tempestades, las del tiempo y las del alma. Hija mía, si lees este libro es que eres de tierras de ventiscas, tormentas y vendavales. Tierras aisladas, donde en las noches de invierno sólo se oye la lluvia en el tejado y el aullido de los lobos en el bosque. No temas, que yo te enseñaré a domar el clima y a domar el corazón de los hombres.”

Maria Hebrea

martes, 6 de agosto de 2013

31. Viktor: Mi exilio

V. Parte. “Non mi lasciar!
31. Viktor: Mi exilio



Dubrovnik, julio de 1934
Los judíos tienen costumbres realmente extrañas, como esa de que tras la desfloración de la esposa deben estar los recién casados separados por una semana. Pobre Violante, que manera de comenzar su vida de casada. Como compensación se había vuelto milagrosamente bella, al menos eso es lo que decía mi hermano.
Los planes de Davide eran estarse toda la semana de veda en Dubrovnik en mi compañía y pasar la luna llena juntos como en nuestra infancia. Sólo después regresaría a Trieste a una esposa purificada y dispuesta para la luna de miel.
A última hora, se sumó un tercer huésped a nuestra comitiva. Nuestra sobrina Ettie insistió en acompañarnos. Tras conseguir  permiso de Rozal Delmedigo, viajó con nosotros hasta Dalmacia. Desde su conversión en mujer y loba, Davide y yo la vigilábamos constantemente tratando de adivinar con que nueva sorpresa nos saldría.
Nuestra primera duda obtuvo respuesta luego de acaba el periodo menstrual de a niña loba. Ettie, podía transformarse a voluntad sin necesidad de sangre o de ser iluminada por la luna llena. Solo necesitaba cantar... ¡e ipso facto! Volverse humana exigía una oración. Mientras Ettie poseyera el don de la aabra aun en piel de loba, su metamorfosis era cosa sencilla. Lo en cuestión seguía siendo el repertorio que la llevaba a volverse licántropa Como nos recordase Violante, Ettie había cantad en su esenia  sin que le crecieran los colmillos.  Resolver ese acertijo fue lo que nos tuvo ocupados esa semana yugoeslava.

En Dalmacia teníamos dos residencias, el como del lujo, a nuestra disposición: La villa en el pinar de Lokrum que mi madre había comprado, y la vieja casa ancestral de los Galante en Dubrovnik.  Aunque la villa de Lokrum era más espaciosa y elegante, Ettie insistió en que nos quedáramos  en tierra firme,  con la excusa de que había prometido a Gavrilo cuidar de su huerto, ya que entre limoneros y naranjos mi sobrino y sus hijas cultivaban berenjenas y coles tal como el Dr. Pangloss de “Cándido”.
Fue ahí en ese huerto donde pasamos horas experimentando con la voz de Ettie quien cantaba sin cesar Violino Tzigano, Portami tante Rose, y temas de Tino Rossi y Crivel sin llegar a ninguna parte. ¿Era posible que Ettie se transformase solo con el tema de Jeannette McDonald  o cuando se alterase? Davide consideraba que lo último era peligroso y le había recetado unas píldoras para los nervios que parecían surtir efecto.
Yo, menos científico, quería satisfacer mi curiosidad y la seguí instando a cantar cuanta canción estuviese de moda. La pobre me daba en el gusto y cantaba hasta quedarse ronca canciones en inglés que sospechaba yo podía ser el eslabón perdido. Ya estaba casi afónica y a punto de mandarme a paseo cuando el milagro ocurrió. El eslabón resultó ser I’ve got Five Dollars. Ahora teníamos otra pieza del rompecabezas. Para transformarse, Ettie necesitaba canciones de Rodgers&Hart. A mi me parecía myu lógico, pero a mi hermano no



―No tiene sentido. Como algo tan delicado como un cambio de piel va a estar sometido a los caprichos de Tin Pan Alley?
Sin embargo no había dudas, Ettie solo se transformaba con ayuda de dos glorias de Broadway.  Incluso cantar la versión italiana de "Blue Moon" tenía el mismo efecto. Estaba yo muy orondo con mi descubrimiento cuando al día siguiente después del desayuno, mi sobrina comenzó a tatarear “Stormy Weather”. 


Inmediatamente, los colmillos sobresalieron de su labio como los de Bela Lugosi en Dracula. Ya, dicho el Shema, y vuelta la calma comenzaron las interrogantes. ¿Eran solo las canciones americanas de moda las provocadoras de transformaciones de Ettie? La resuesa era totalmente negativa, porque no había manera qie Etie se transformara cantando nada de Cole Porter.
― ¿Quién escribió Stormy Weather?Preguntó mi hermano
Ettie que era una experta en todos los chismes de Hollywood y Broadway contesto rápidamente.
―Harold Arlen, que en realidad se llamaba Haym Arluck, y era carnicero.
Ecco! Anunció Davide admirado― Ettie se convierte en loba con ayuda de canciones escritas por judíos.
Al veme con cara escéptica, Davide chasqueo los dedos y corrió al piano propiedad sacrosanta de Tamara Galante. Tras hurgar entre las partituras encontró una  de una lied de Mahler.  Después de un breve momento de inseguridad por parte de Ettie,lo de la cantada era un fenómeno reciente y  el alemán no era un idioma que le fuera familiar, lo intentó.  Davide estaba en lo cierto, porque antes de un minuto ya la teníamos de regreso con rabo y orejas puntiagudas. Era asombroso como funcionaba todo respecto a Ettie y aunque ella parecía sentirse cómoda, Davide y yo a sus espaldas nos preocupábamos. ¿Qué seria de su futuro?
―¿Te has percatado de algo?―dijo mi hermano―Violante con sus canciones invoca a los ángeles y Ettie cantando se vuelve loba. El poder ahora está en la voz de las mujeres de nuestra familia.

A pesar de lo acogedora de la casa y de la proximidad del mar, en chez Galante no contábamos con el adelanto moderno de un teléfono, por lo que esa mañana Davide y el Hispano Suiza se habían marchado a la ciudad en busca del algún medio con el que pudiera comunicarse con su amada esposa.
Para pasar el tiempo, mi hermana y yo nos pusimos a jugar póker en la mesa de la cocina. Como siempre, Ettie  ganaba. Imaginé que hacia trampa, pero me guardé esa certeza para mis adentros. No quería destruir la armonía fraternal que reinaba en esa cocina donde oscuros aparadores de cerezo y  azulejos color Adriático imponían una nota policroma en el aburrido gris de las paredes.
 ―Davide dice que apenas pueda me mandará hacer un retrato de la nueva Violante. ¿Realmente se ha puesto tan guapa como dicen? ― pregunté,  tratando de distraer a Ettie de sus artimañas con los naipes.
 Mi sobrina arrugó la nariz y lo pensó antes de responderme.
―Tal vez. A mí nunca me ha pareció tan  fea como decís...
―Pero dijiste que tenía cintura de vaca ― escudriñé sus flexibles dedos Shedim tratando de detectar si sostenían mas cartas que lo debido.
―Es cierto. Me costó un mundo ensanchar su vestido de novia.
Bajo la guía de Nuestra Señora,  a Ettie le había bajado la pasión por la costura. Sorprendentemente, tenía gusto y creatividad y esos dedos tan ágiles y tan tramposos eran maestros de la aguja. Por eso, Dass le había llevado el vestido de novia de Violante para que  la costurera Shedim lo transformase.
― Pero qué guapa  se veía el día de su boda ― agregó.
―No hay novia fea ― respondí con escepticismo ―Y tú  no eres muy entendida en cosas de belleza. Hasta crees que Gavrilo es guapo.
La ira fulguró en sus ojos color ámbar. Era un secreto a voces, que ella misma propagaba, que Ettie bebía los vientos por su tío político. Mi sobrina juraba ama a Gavrilo Galante con todo ese amor adolescente  digno de una Julieta Capuleto, y no le gustaba que se burlasen de sus sentimientos. A veces, yo lo hacía porque me divertía ver su carita contrariada donde sus ojos se ponían el doble del tamaño normal.
―Eres un bruto―me escupió exactamente como un gato―. Y como todos los humanos sólo ves el envoltorio. ¿Qué importa que Violante sea bella ahora o no? Sigue siendo la mujer de tu hermano.
Al abuelo Azazel le aceptaba insinuaciones, pero solo a él. Ettie estaba pasándose de la raya.
― ¿De cuándo acá alardeas tanto de moral? ¿Crees que no he visto como haces trampa? ― le reproché irritado.
Ante mi sorpresa, Ettie bajó los ojos y sus mejillas se tiñeron de rosa. Yo esperaba que se enojara, pero como buena Shedim, era  imprevisible.
― No puedo evitarlo. Así me enseñaron― dijo con un hilito de voz.
Razón no le faltaba. A Ettie le enseñó a jugar póker nuestra madrastra, y el Diablo siempre hace trampas.
Ettie era una criatura extraordinaria, a pesar que apenas comenzaba a desarrollar su personalidad. Se encerraba en ella lo mejor y lo peor de sus padres, o al menos eso decía Su Majestad .Al comienzo no le creímos. De pequeña, Ettie era una criatura simiesca que se comunicaba nada más con chillidos y silabas. . A los diez años, todavía le costaba erguirse y se movía usando todas las extremidades como un chimpancé. Podía reconocer gente y objetos que en su media legua se convertían en palabras de dos o tres letras, por lo que hasta su madre la llamaba “No”.
Rozal venía una larga familia de “kumadris”, curanderas expertas en magia y metafísica por lo que aceptaba con filosofía el retraso de su nieta, pero su espíritu de gran dama se rebelaba ante la vergüenza de ser abuela de una criatura subnormal que se comunicaba mejor con los gatos que los humanos. Pero ahora, Ettie era un ser diferente, lo que podía ser peligroso porque ponto comenzaría a toma sus propias decisiones.
― ¡Qué tarde es!― dijo mi sobrina, señalando el reloj.― Cómo se demora Davide. ¿Tantas ternezas tiene que decirle a su mujer?
Efectivamente Davide se había demorado mucho.
Ettie fue en busca de las camisas de Gavrilo y de otras prendas que necesitaban zurcido. Yo me entretuve haciendo solitarios y mirando el reloj, hasta que por fin oímos llegar el sonido del motor del Hispano Suiza.
No llegamos a preguntarle la razón de su tardanza porque Davide traía una expresión extrañísima. Un cruce entre quien tiene un secreto que no se atreve a revelar y el entusiasmo de quien emprende una nueva aventura.
― Quiero que te sientes― me dijo ―y no me interrumpas que lo que te voy a decir es muy grave.
Me senté y me dispuse a escucharle.
―Mi mujer me acaba de dar una noticia extraordinaria, diría espeluznante. Tuve que llamar a Viena para confirmarla. No te imaginas qué odisea. Las líneas están atochadas. Por fin hablé con Lilo...
Aunque me exigía silencio, la preocupación me hizo ponerme de pie.
― Ya suelta. ¿Qué sucede?
Davide titubeó antes de continuar.
―A mediodía, una turba de Nazis han matado a Dollfuss.
Cadáver de Dollfuss (kingsacademy.com)

No conseguí digerir la noticia de inmediato. Una punzada en el intestino me indicó que mi estomago comprendía antes que mi cerebro.
― A los asesinos les tienen sitiados en la cancillería, pero nadie sabe si otros grupúsculos se puedan levantar. ¿Tú no sabías nada de esto? ¿Verdad?
Le lancé una mirada tan negra que puso cara de disculpas.
― Y van Egmont, ¿Crees que sabía algo?―pregunto mi hermano.
Comencé a sentir una horrible impresión de ser sorprendido sentado en el inodoro. Göring debía saber de este levantamiento de seguro. ¿Y mi suegro?
― No creo. Hubiese hecho que Mausi saliera de Viena.
El recuerdo de mi hija borró todo otro  pensamiento de mi cabeza.
― Me voy a Viena de inmediato.
La pesada mano de mi hermano en mi hombro me obligó nuevamente a sentarme
― Tú no te mueves de aquí. No creo que haya transporte para Viena. Las fronteras deben estar cerradas. Lilo dice que Mausi y tu madre están bien, en su casa y que Bithia te manda decir que por ningún motivo te presentes por allá. Yo, en cambio, regreso a Italia inmediatamente ― se volvió hacia Ettie ― Tú te vienes conmigo.
― ¿Que tienes que hacer en Italia? ―  De pronto todo era real e inconcebible a la vez. Los Nazis en Viena, Dolfuss muerto, y yo tan lejos.
― Comprenderás que esta canalla no ha actuado sola ― El tono de mi hermano era irritantemente  displicente ― Adolf está detrás de esto, y el único que le puede detener es el Duce.
La idea del Mussolini como campeón de Occidente me parecía grotesca.
― ¿Y acaso el Duce está interesado en detenerle?
La mirada escandalizada de Davide era digna de fotografiarse.
― Me lo ha dicho Violante que lo escuchó por la radio, y después de hablar con Lilo, llamé al Coronel  Viterbo que me contó detalles. Madame Dollfuss y sus hijos están en Roma, invitados de la familia Mussolini. Imagínate, El Duce dándoles la noticia. Esto es una doble afrenta que Benito no ha de dejar pasar. Viterbo dice que nuestro batallón se marcha a la frontera. Me reuniré con ellos en el Brenero. ¡Ettie, anda a arreglar tu equipaje! Le pediré a Rozal que envié a alguien a buscarte.
― Me quedaré con Viktor ― anunció mi sobrina con esa voz de “non sequitur”.
Davide sabía cuando se podía discutir o no con la hija de nuestra hermana
― Si lo prefieres…te quedas, pero con una condición. Haz de impedir que Viktor haga ninguna locura y no le has de dejar solo.
Tenía muchas ganas de hacer locuras, pero mi lado práctico me venció.
Esa tarde Davide se puso su uniforme y cargando un maletín tomo el camino a Liubliana.
― ¿No se supone  que no puedes vestir el uniforme fuera de Italia?
Davide se irguió lleno de un orgullo que le añadía más centímetros de altura.
― Quiero que todo el mundo sepa. Que todos se enteren de lo que Italia planea hacer.
Mientras lo observaba acomodarse la gorra de plato en el espejo del pasillo, entendí la mirada de entusiasmo en los ojos de mi hermano. Era la excitación del soldado que ve por fin llegar el momento de probar su valor en el campo de batalla. Pero además, era el gozo de saber que por fin Italia demostraría al mundo su poder, su razón de ser, y que los judíos serian parte de esa Cruzada Santa en contra dela barbarie Nazi.
Dentro de mí nunca ha existido ese espíritu guerrero, y eso que la vida me ha llevado a matar hombres. Y nunca experimenté ese amor ni por una causa ni por una bandera. Ese día sentí envidia de mi hermano.
Tras la partida de Davide, Ettie no se me despegó ni un momento. Milagrosamente me dejaba ir al baño solo. Era enervante, pero sin su presencia, creo que hubiese cometido la locura de intentar llegar a Austria. Ettie lo comprendía.
― Si eres bueno, esta noche intentaré comunicarme con algún Shedim para que vuele a Viena a ver como están las cosas.
No hubo necesidad, porque las cosas se solucionaron muy rápido.  Al día siguiente,  para cuando velaban el cadáver de Dollfuss en Viena, y sus asesinos andaban escondidos o en fuga, Davide estaba en su regimiento. Su transformación la pasó escondido en la enfermería del cuartel.


Mi hermano no llegó a ver combate, pero su sueño de una Magna Ítalia si se cumplió. El Duce se volvió uno de los hombres mas admirados del mundo. El solo se enfrentaba a Hitler, que cada día parecía ser más imparable.
Irónicamente yo fui uno de los caídos en esa batalla. El nuevo gobierno de Schusnnigg puso a los Nazis fuera de la ley. Por trabajar para Goering me convertí en persona non grata en la tierra que habían gobernado mis antepasados. Era un desterrado que no tenía permiso para volver a Austria ni siquiera a besar a mi madre, a ver a mi hija o a recoger los calzoncillos que dejara en mi cómoda. Así de absurdo se había vuelto el mundo.
Me fui a Alemania a interrogar a mi suegro. Van Egmont me juro que él nada sabia del putsch. Le creí. Goering un poco irritado confesó que sí tenía alguna idea aunque no lo aprobaba.
― El Fuhrer a veces es  un poco impulsivo. Confió demasiado en los nazis austriacos― Me sirvió una copa de su mejor brandy como para compensarme por mi destierro.― ¿Harás traer á tu hija a Alemania?
― ¡Jamás! ―  casi escupí mis palabras.
Goering se encogió de hombros.
― Tú sabes que esto es nada más que un preámbulo. Ya os lo dije a tu madre y a ti. Es todo cosa de tiempo. ― Algo en mi cara le hizo ver que era mejor cambiar de tema ― ¿Te vas a instalar en Berlín definitivamente?
― Creo que me quedaré en Lokrum por el resto del verano.
― Excelente, excelente ― el buen humor volvió al obeso cuerpo de m patrón ― Y ya que estás ahí puedes revisar algunas piezas de arte medieval en la costa dálmata que quizá me puedan interesar.
Me costó disimular el asco al mirarlo.
― Pero si vosotros no tenéis interés en Yugoslavia. ¿O acaso planeáis invadirla también?
Goering me lanzó una mirada críptica.
― Uno nunca sabe. Liebe Viktor.



4 comentarios:

  1. Qué ternura, y a la vez qué pena, este Davide, ilusionado con que Il Duce pudiese plantarle cara al nazismo... lindo ejercicio de historia contrafáctica: ¿qué hubiera pasado si Mussolini hubiera defendido a los judíos?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una pregunta muy peligrosa que se la hacen constantemente los fascistas italianos, al igual que los judíos italianos de Derecha. Vale pensar que antes de la invasión a Etiopía, el régimen italiano era admirado en todo el mundo y Mussolini era ídolo de Churchill, Roosevelt, Gandhi y Freud.

      Eliminar
    2. Sí, es un tema de lo más delicado... Mussolini confundía a cualquiera, al principio, con esa cosa de su proveniencia izquierdosa. Hasta uno podría preguntarse qué pasaba por su cabeza, cuánto tendría ya meditado de su sistema y cuánto habrá sido oportunismo... algunos lo creen el "gran oportunista"...
      Aquí en mi país también tuvo sus émulos, tema que más vale ni toco porque aún hoy despierta tremendas pasiones, jaja!

      Eliminar
    3. Cersei no me dejó responderte anoche. Todo gobierno extremista, por paternalista que sea, termina siendo tiránico. El General es lo más parecido a Mussolini que haya existido (no como Chaves que era una parodia del Duce), pero me horrorizó leer como trataba a sus opositores ni hablar de los enemigos de Evita.
      Una puede admirar ciertos aspectos del gobierno fascista, pero no se pueden olvidar dos factores omnipresentes: la represión de libertades personales y el dominio que ejercen sobre los jóvenes. A pesar de no llegar a extremos como los de los Nazis o de países comunistas, en Italia también el estado intentó reemplazar a la familia e impuso su maquinaria de adoctrinamiento. Esa es una estupidez que hasta los sionistas quisieron imponer en los kibutz y les fue cm en feria (después de todo los judíos y los italianos tenemos las culturas más “domésticas” del mundo) Al final, por torpe que sea, la democracia sigue siendo el único modo de gobierno viable.

      Eliminar