Las Siete Puertas de María Hebrea


(Registrado en la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Santiago de Chile. Abril del 2010 # Registro 190084)

La Puerta de las Tempestades

“Esta primera puerta debe abrirla quien conozca de tempestades, las del tiempo y las del alma. Hija mía, si lees este libro es que eres de tierras de ventiscas, tormentas y vendavales. Tierras aisladas, donde en las noches de invierno sólo se oye la lluvia en el tejado y el aullido de los lobos en el bosque. No temas, que yo te enseñaré a domar el clima y a domar el corazón de los hombres.”

Maria Hebrea

viernes, 17 de agosto de 2012

22. Violante: Diamante



Una vez, Don Andrés me contó una vieja leyenda que decía que un lobisomen para “correr a fada” debía en una sola noche recorrer siete montes, siete puentes y siete ciudades amuralladas. Creo que recorrimos más que eso con Viktor, siempre observados por una azorada media luna que jamás viera un lobisomen surcar los caminos bajo su luz.
Finalmente, me dormí o me desmayé. Nada más desperté cuando Viktor comenzó a sacudirse como un caballo encabritado.
Abrí los ojos y ante mi sorpresa me encontré colgando como un crío japonés de la espalda de Viktor, ahora convertido en hombre. Estábamos parados en una calle empedrada, iluminada por grandes faroles. No reconocí el lugar.
― ¿Dónde estamos?― pregunté.
― Lisboa ― dijo el hermano de Davide muy tranquilo, señalando una construcción en la oscuridad ―. En la Estación Santa Apolonia. Hemos llegado a tiempo para tomar el tren de las diez.
― Estoy agotada. ¿No podemos parar a comer algo o a pasar la noche?
Alzó las cejas escandalizado.
― ¿Doña Violante, pasar la noche juntos? ¡Qué idea, sí ni nos han presentado!
Me eché a reír.  Viktor tenía algo que me tranquilizaba y me devolvía el humor.
― Si es por esas. Acabáramos ― le hice una exagerada venia ― .Violetta de Osorio y Pardo, Condesa de Portela.
Él me respondió con otra venia.
― Viktor, Graf von Karijani a sus pies.
― Ahora que nos acreditamos y sabemos que somos parte de una nobleza sin un duro ni voz, ¿podemos comer?
― Me temo que no, Doña Violante ― puso cara de falsa consideración ― Verás, el éxito de nuestra fuga dependía de que siguiésemos exactamente, pero al revés, la ruta que seguisteis mi hermano y tú para ir a Galicia.
― Pero entonces tendremos que volver a Málaga.
― No creo que sea necesario. Ya hasta aquí es suficiente ―Me tomó del brazo y me llevó hacia el tren ― De aquí nos vamos a Madrid. Los billetes los compraremos arriba. Mientras caminábamos hacia el vagón, me explicó que el plan consistía en retroceder siempre sobre nuestras mismas pisadas al menos hasta Lisboa. De esa manera se borraban las huellas y se combinaban las esencias que percibía la nariz de cazador de mi marido.
― ¿Crees poder lograrlo?―pregunté dubitativa ― .Dicen que Davide rastrea cualquier cosa, animal o persona, inclusive un objeto.
― Efectivamente, el muy bendito tiene ese poder, pero ha agotado su energía en la creación de ese mundo ficticio en el que te tenía secuestrada. Eso lo tendrá sin fuerzas por días. Por supuesto que conociéndole, le dará tanta cólera nuestra huída que se lanzará a cazarnos, pero andará como lebrel sin olfato, pisándose la cola por un largo rato.
― ¿Y después?
Me miró gravemente:
― Después nos encontrará. Es inevitable, pero para entonces, espero que estemos entre amigos.
Iba a preguntar qué amigos eran esos, pero ya estábamos ante el anden .Viktor me ayudó a subir y luego avanzamos por el pasadizo, buscando una cabina vacía. La encontramos y por fin, después de horas de viaje, pude sentarme en un asiento mullido y tapizado en gris y un rosa ajado por el uso. Miré mi reloj. Eran las diez de la noche. Eso quería decir que en dos horas cruzamos dos países.
― No sabía que un lobisomen era tan veloz.
―Ni yo ― respondió mi cuñado ― .Al igual que Davide, tuve que echar mano a Vril. Como tú, estoy hecho un trapo. Pero era la única manera de escapar del mundo paralelo, correr más rápido que la lógica.
Cerró los ojos, y yo me quedé sin interrogarle sobre Vril, que hasta donde yo sabia, era cosa de novela futurista. ¿O acaso esa raza subterránea que inventara Lord Bulwer-Lytton eran los muy reales Mouros, en cuyas garras estaba yo ahora? Pero ya llegaba el inspector a pedir nuestros boletos. Viktor compró la cabina entera.
― Dormiremos aquí ― me dijo― Espero no te incomode, pero sería impropio compartir el coche dormitorio. 
Se puso de pie.
 ― Me echaría una siesta, pero al igual que tú, estoy hambriento. Debo quejarme, Señora Condesa. Vuestra hospitalidad fue deplorable. No me ofrecisteis ni un vaso de agua.
Pegué un respingo y sacudí mis piernas para desentumecerlas.
― Creo que te diste cuenta que en mi propia casa yo era la prisionera, no la castellana.
Me guiño un ojo, y tomándome del brazo galantemente, me ayudó a cruzar el corredor hacia el coche restaurante.
― Pobre Hermano Lobo ― reflexionó mi cuñado en el corredor ― Se ha portado verdaderamente como un. .. ¿Cómo decís los españoles? Un cafre. No que generalmente tenga mejores modales, pero…
― Pero no se portará con todas así― protesté ― .Delarah Brand no le aguantaría esos despotismos.
― ¡Delarah Brand! Así que la conoces ¿Puedo preguntar cómo permitió vuestro matrimonio?
Llegamos al comedor y me guió hasta una mesa apartada donde pudiéramos hablar cómodamente. Aún así, fue en susurros, interrumpidos, por un camarero que nos trajo la carta, que le conté a Viktor de mi duelo con la bruja turca.
Vi admiración en sus ojos:
― Vaya. Eres muy poderosa, Violante, pero irreflexiva. Por eso estás en este lío. Ahora tendrás que aprender a pensar y a actuar con moderación. Únicamente así podrás enfrentarte al Hermano Lobo.
― ¿Puedo hacerlo? A veces Davide me parece omnipotente.
― ¡Qué va! Omnipotente sólo Nuestro Señor y Davide no es dios. No es un ángel. Es apenas parte Shedim, y no se asemeja a ellos en sensatez ni vigor.
― ¿Qué son los Shedim?
Bebí un sorbo de agua para calmar mis tripas que andaban más protestantes que Lutero.
Por suerte, el camarero trajo un cesto de panes que comencé a devorar sin molestarme en echarles mantequilla, mientras escuchaba sobre los Shedim que no eran otros sino los Mouros de Catuxa. Una misteriosa raza subterránea cuyo Rey, mi suegro, tenía la costumbre de preñar humanas como mi Tía Diamante. La astrologa de Don Andrés no había mentido, me había casado con un Príncipe Shedim, con el hijo de un rey.
― Las leyendas judías dicen que Dios los dejó sin terminar, ya que el descanso sabático interrumpió su trabajo. Labor que nunca continuó. Pero es la impresión de Su Majestad, mi padre, que fue capricho divino que ellos quedaran con cuerpos muy livianos, flexibles, sin las terminaciones tan engorrosas de nuestras anatomías.
― ¿Entonces no son espíritus? ― pregunté.
― Son una raza intermedia entre ángeles y humanos. Les hay buenos y no tan buenos. Pero nacen, mueren, procrean y comen como nosotros. Aunque ― señaló la carta ―. No comen tan bien. Su comida es muy sana y muy sosa, lejos de ser opípara. Nada de carnes. Los animales no sobreviven la atmósfera sin oxígeno del mundo subterráneo. Nada más vegetales y frutas, sin azúcar y sin sabor.
Mi cuñado interrumpió la historia familiar para leer el menú.
 ― ¿Callos a la madrileña? Nunca les he probado. Me han dicho que es obligatorio ordenar la Calderaida en Lisboa.  ¿Qué opinas tú?
A mi me apetecía comerme un buey por lo que estuve de acuerdo en ordenar ambos platillos a pesar de ser bastante pesados. Dejé que Viktor discutiera los detalles con el Maître y ordenase el vino, para luego seguirle interrogando sobre los misteriosos Shedim que parecían llevar una vida ultra organizada, y cuyo rey tuviera la caridad de enviar a su segundo hijo a rescatarme del primero.
― ¿Por qué nuestro Señor se mostró tan injusto con ellos? Aparte de no terminarlos, les hace comer bazofias.
― Porque la falta de conclusión de los Shedim incluye una personalidad muy contradictoria y por ende peligrosa que hay que someter bajo reglas precisas
― ¿Cuán contradictoria es la personalidad Shedim?
Vi a mi cuñado revolver los ojos como buscando una respuesta que no existía.
― ¿Acaso no la has notado ya? Davide y yo aún siendo sólo parte Shedim somos una contradicción viviente. Nosotros somos… ― Vi que su mirada vagaba por encima de mi cabeza y tomaba ese aire ensoñador de Davide cuando hablaba de Italia― .Nosotros somos.
Esa frase fue concluyente. No necesitaba más y explicaba un poco el berenjenal en el que estaba metida.
― ¿Qué hacen los Shedim para entretenerse aparte de comer comida insípida? ― pregunté queriendo alejar mi mente del contradictorio Davide. Bastaba mencionarle para que se sentara a nuestra mesa cuando se suponía debíamos estar huyendo de él.
― Pues lo mismo que nosotros. Crían hijos, trabajan. A veces van a la guerra, pero son unas guerras civilizadas, nadie muere. Mi padre las llama ejercicios militares ― sonrió ―. Son más amigos del amor y las fiestas que de las peleas, aunque tienen su carácter.
― ¿Se casan?
― Sí, a menudo. Las mujeres son las que cortejan. Ellas eligen a sus maridos. Viven con ellos un siglo. Al cabo del cual, si no se llevan, se divorcian y pueden volver a casarse. Lo importante es que el divorcio sea siempre amigable, por los hijos.
Entorné los ojos.
 ― Vaya, pero si llevan una vida organizadísima. ¿Entonces qué diantres hacen metiéndose en nuestros asuntos?
Mi cuñado soltó una carcajada.
― Se aburren los pobres. Te darás cuenta que su vida es incolora. Les encantan nuestro caos y enredos. Nos envidian nuestra incertidumbre y la imprevisibilidad de nuestro amor.
― ¿Eso es todo lo que buscan de nosotros?
― Eso y nuestros conocimientos. Ellos saben más que nosotros, pero tienen como lo llamaría Freud, un complejo o manía si quieres. Les gusta enseñar y ver como los demás aprenden. Por eso nos espían desde nuestros espejos, porque somos su reflejo y quieren ver como nos desarrollamos. Es como un padre que ve a su hijo crecer. ¿Se parecerá a él o será un ente diferente? Puede ser una inquietud fascinante.
― O dolorosa. ¿Cuál de vosotros os parecéis más a vuestro padre?
Su mirada azul perdió un poco el humor por lo que deduje que la pregunta era indiscreta.
― Todos te dirán que soy el favorito de Su Majestad. Senyor Jajám se refiere a mí como el regalado de mi padre, así se llama en Judezmo al hijo predilecto. Pero no creo parecérmele mucho. Aunque cuando conozcas a tu suegro verás que para los humanos luce como yo en veinte años más. Soy como Ashmedai en el amor y en los negocios y heredé su carácter práctico y su sentido del humor. Davide jura ser más animal que Shedim, pero, como nuestro padre, es un hambriento del conocimiento, no olvida un favor ni una ofensa, y puede ser muy cruel.
― No necesitas recordármelo.
― No le culpes ― dijo el hermano de Davide luego que el camarero nos sirviera vino y pusiera nuestros platos de caldo enfrente de cada uno ―. Davide siempre se ha sentido menospreciado por la vida. Eso lo hace estar a la defensiva, desconfiar de todos.
Volví a sentir esa incómoda lástima por el hombre que precipitara mi huida, y debajo de esa lástima reconocí mi antiguo amor.
― Las cosas que me dijo…Eran todas mentiras. Nunca me quiso ― sentí que una lágrima temblaba en mi pestaña y hundí mis ojos en la sopa para ocultarla.
Por sobre las copas de vino, Viktor asió mi mano.
― No, Violante. Eso es lo más trágico de este cuento y ahí esta la contradicción de la que hablábamos. Davide te quiere y mucho.
― Mal lo demuestra.
Ahora ya no era una lágrima sino muchas que corrían por mi cara y se sumaban al caldo de mariscos.
Viktor me pasó un pañuelo y me hizo beber un sorbo de vino para calmarme.
― Mi hermano no sabe amar. No tiene experiencia. Pero cuando tú le reconociste y le aceptaste...No puedes imaginarte lo contento que estaba, pero luego al rechazarle...
― Se sintió rechazado ― Comencé a comprender ―. Me dijo que yo era como su madre.
― La raíz del problema. Freud y Senyor Jajám coinciden en ese punto. El rechazo de Diamante definió para siempre las relaciones de Davide con las mujeres, su desconfianza. Agrégale que el Judaísmo no está exento de una superioridad masculina que afecta a todas las religiones, y que el Talmud alerta en cada página, y no anda muy errado en eso, contra las marrullerías femeninas. No podemos culpar a Davide de ser un poco misógino.
Nunca sabía con Viktor si hablaba en serio o no.
― ¿Y tú en que religión crees que te permite confiar en las mujeres?
Me lanzó una sonrisa oblicua antes de responder.
― ¿Quién te dijo que confío en las mujeres? ― Alzó la copa ― .Practico, mi Señora Condesa, la religión de los trovadores. La que reconoce el poder del vino, de la música y de las mujeres. Todo comienza con las mujeres. Nos paren y nos amortajan. Entremedio, si tenemos suerte, nos protegen, nos quieren y nos miman. Hay que estar bien con ellas.
Iba a responderle mordazmente cuando un pensamiento me detuvo.
― Si la Tía Diamante nunca se hizo cargo de Davide ¿Quién le crió?
Terminamos la caldereida y los callos mientras Viktor me contaba sobre la hermana de mi abuelo, cuyo nombre también era el mío. Así me hice una idea de esa mujer tan arrogante como su hijo, que se consideraba la más bella de Dubrovnik. Tan superior a las otras que rechazaba propuesta tras propuesta de matrimonio. Ningún hombre era digno de ella.
―Ya tenía veinte años, lo que entre las sefarditas era casi una solterona ― dijo Viktor ― .Cuando llegó a su vida el hombre esperado, un joven rabino veneciano llamado Gabriele Ascarelli. Pidió la mano de Diamante y ésta acepto. Tu tía despreciaba el mundo sefardí al que consideraba ignorante, supersticioso y alejado del refinamiento moderno de Italia. Sin embargo, no se instalaron en Venecia como ella deseaba, sino en Trieste, todavía parte del Imperio Austro-Húngaro, un puerto que Gabriele adoraba. Pero un mes después de la boda el novio, sucumbió a una pulmonía fulminante. Mi padre cuenta que los ayes de dolor de la viuda Ascarelli se oían hasta en el reino de los Shedim.
― Y él tuvo que venir a consolarla ― añadí con picardía.
― El pobre dice que no soporta oír a una mujer llorar por amor perdido o un mal amor. Pues la consoló. Sólo que para hacerlo tuvo que adoptar la imagen del difunto.
Me quedé boquiabierta.
― Pero qué tunante. ¿Así que la pobre Tía Diamante creyó que la preñaba su marido?
 ― Hay que decir que tu tía era un poco boba, porque yo no he sabido de fantasmas que preñen. En su tremenda arrogancia, Diamante se creyó beneficiada por un milagro. Su esposo había venido del más allá para hacerle un hijo. Cuando nueve meses más tarde parió un niño hermoso y grande, Diamante no cabía en el pellejo de tanto orgullo. Claro, tanta alegría se desvaneció en el plenilunio. Fue entonces que tu tía volvió a creer en todas las supersticiones de las que tanta befa había hecho.
Escuché estupefacta como Diamante creyendo que el lobito era hijo de algún mal espíritu que le robara a su niño, expuso el animalito a la intemperie, esperando que sus gemidos de frío convenciesen a los de su raza de devolver a Davide.
― Fueron nuestra hermana Tamar Galante quien rescató al lobo y le devolvió a la cuna.
― ¿Tenéis una hermana?
― Dos, ambas están muertas. ¡Pobrecillas!― Sus ojos azules se ensombrecieron.
Todo este cuento que parecía salido de un libro de mitología me impresionaba incluso a mí, tan amiga de lo prodigioso. Como me impresionaba la soberbia de Diamante quien volviera a dormir tranquila felicitándose por saber lidiar con espíritus secuestradores de criaturas.
― Pero un plenilunio más tarde y el niño era lobo de nuevo. Por suerte Senyor Jajám estaba de visita y él fue quien se dio cuenta que el lobezno y mi hermano era uno solo. Vale decir que el animo de Diamante decayó y también su cariño maternal. Pero pronto su lógica vanidosa le hizo pensar que si Davide se convertía en lobo al llegar la luna llena era a causa de ser hijo de fantasma. Eso le otorgaba un cierto caché. El optimismo admirable de Diamante le impedía creer que lo suyo no era lo mejor. Nadie enrte sus amistades tenia un hijo licántropo, ella era privilegiada, aunque claro, no era cosa que se pudiese comentar sobre dulces y café. Lo malo fue cuando Su Majestad intervino. Su moral es un poco compleja para nuestro entendimiento. Le permite seducir mujeres fingiendo ser otro, pero le obliga a confesar su delito y a ofrecer ocuparse de sus hijos.
― Vaya contradicción. Me imagino que Diamante no le recibió muy bien.
― Ni lo digas. Todas sus fantasías y sueños de grandeza se vinieron al suelo. No sólo rechazó, y de la manera mas grosera, la oferta de mi padre, sino que también cargó contra el niño.
El criado vino a tomar nuestra orden para el postre y en lo que Viktor ordenaba, tomándose su tiempo, yo me trataba de imaginar qué hiciera yo en el lugar de mi tía. Pero ni en mis sueños más peregrinos pude imaginarme el refinamiento de crueldad que alcanzara el terror y rabia de mi parienta.
― ¿Le arrojó al mar? ¿En una cesta? ¿Cómo a Moisés?
― O como al Amadis de Gaula. Creo que a Davide le gusta más esa ultima comparación ― Viktor me llenó el vaso de vino acabando con la botella ―. Pero a esos caballeros les hicieron a la mar para protegerles. En el caso de mi hermano, me temo que Diamante quería que se ahogase.
(dibujosbiblicos.net)

Ni siquiera los aspectos legendarios del cuento. La protección de Tamar y Perla, mis difuntas cuñadas,  que encaminaron el cesto hasta la playa de Miramar o la oportuna aparición de la madre de Viktor, que como la Hija del Faraón, rescatara al niño de las olas, disminuyó mi rabia, vergüenza y horror al pensar que una mujer de mi sangre pudiese hacer algo tan vil.
― ¿Entonces Diamante enloqueció de remordimientos? ― pregunté.
 Viktor hizo un gesto desdeñoso:
― ¡Qué va! Fue Su Majestad quien la enloqueció, como castigo por su crueldad. Si no la mató, y de paso también a tu abuelo, fue porque sus hijas le detuvieron. La ira de los Shedim, a veces, es injusta.
Yo no encontraba que la ira de los Shedim era injusta. Mi corazón rebozaba de compasión por el niño que Davide fuera una vez.
El camarero nos trajo las natillas, pero yo ya no tenía apetito.
― ¿Por qué no se quedó Davide con vosotros?
― Mutti quería quedárselo y criarnos juntos ― Viktor se echó una cucharada del postre a la boca. De tanto oírlo o contarlo, el cuento ya no le impresionaba.  ―.  Ashmedai se negó. Tras tener a tu abuelo colgado toda una noche de cabeza en la chimenea, le convenció de dos cosas. Una, que Maimonides estaba equivocado y los demonios sí existen. La otra, que debía criar a Davide como si fuese su hijo.
― Dijiste demonios. ¿No dices que los Shedim no son malos espíritus?
― La fuerza de la costumbre. Por siglos les han llamado así. Además etimológicamente la palabra “demonio” no debería tener connotaciones negativas. Viene de “daemon” que según los filósofos griegos son seres intermediarios entre humanos y La Divinidad. Eso son los Shedim.
― Pero existe un Demonio ― insistí.
― Si te refieres a un Daemon absolutamente negativo, sí existe y es hembra: Es mi madrastra Lilith ― ante mi boca abierta agitó su dedo ―. Pero esa es una larga historia que te contaré otro día.

Lilith por Dante Gabriele Rossetti (Wikipedia)

Esa noche, mientras dormía con la cabeza apoyada en el respaldo de mi asiento, tuve un sueño. Me veía caminando por la playa tras una mujer vestida a la usanza de la Belle Epoque.
No le veía la cara pero de su vestido emergía un largo rabo. Altos cuernos que asociamos con Lucifer se escapaban de su sombrero de plumas. Entre ambas cargábamos una cesta. Aunque la cesta iba tapada, por sus maullidos sabía que había gatitos adentro.
― ¡Ven! ― Me ordenó la mujer cornuda ― ¡De prisa! Hay que ahogarles. Matan las ratas que son buenas y débiles.
Nos introdujimos en el agua hasta ésta llegarnos a la cintura. Las olas golpeaban mi cara. Balanceamos la cesta un par de veces y luego la arrojamos. Una ola la atrapó y se la llevó mar adentro.
Cuando volvió a emerger ya no llevaba tapa y pude ver a un niño en su interior. Intenté ir hacia él, pero la mujer me sujetó y vi que sus dedos eran garras.
― No lo hagas. Él te devorará ― me advirtió sin soltarme.
Mientras luchaba con El Diablo, noté que del agua emergía una mujer que tomaba al niño en brazos. El Diablo lanzó un chillido y se hundió en el mar. Ahí pude ver que la mujer del agua era la Dama do Castro, María Hebrea.
Del fondo de las olas sentí las manos del Diablo jalando de mi falda para hacerme caer. Y de muy lejos oí la voz de la Dama que en realidad era la voz de Naiciña.
― Recuerda tu promesa. Recuerda que debes terminar la misión de la Tía Diamante.
Sentí que Viktor me despertaba. Eran las ocho de la mañana y ya estábamos en Madrid. Soñolienta, descendí del tren a la estación. En mi cabeza había ahora una pregunta. ¿Cuál era mi misión?   ¿Matar a Davide como Diamante no lo lograra o empujarle a un encuentro con María Hebrea que sería su salvación?

2 comentarios:

  1. Tu historia se pone cada vez mejor, Male... y yo me pregunto cuándo va a llegar el momento en que Violante tenga que decidirse entre su marido y su cuñado, jajaja! Por un momento pensé que iba por ahí la cosa, pero a lo mejor estoy muy telenovelera últimamente (eso pasa cuando una no mira ni siquiera el menor culebrón, je... ve romance por todos lados, por la falta del mismo...)

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    1. Violante va a estar en un dilema y tendrá que elegir, pero no será de indole romántica.

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