Las Siete Puertas de María Hebrea


(Registrado en la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Santiago de Chile. Abril del 2010 # Registro 190084)

La Puerta de las Tempestades

“Esta primera puerta debe abrirla quien conozca de tempestades, las del tiempo y las del alma. Hija mía, si lees este libro es que eres de tierras de ventiscas, tormentas y vendavales. Tierras aisladas, donde en las noches de invierno sólo se oye la lluvia en el tejado y el aullido de los lobos en el bosque. No temas, que yo te enseñaré a domar el clima y a domar el corazón de los hombres.”

Maria Hebrea

miércoles, 8 de agosto de 2012

18. Viktor: Der Dicke



Viena, abril de 1934
Encontré mi casa convertida en un manicomio. Göring había telefoneado desde Sacher’s, esa misma mañana, informando a Mutti de su llegada y de su próxima visita a nuestra mansión en Döbling. A la hora de almuerzo precisamente.
Mutti estaba a punto de echarse a llorar. Sólo su tremendo talento administrativo, propio de la editora de “Mariza”, la revista femenina más grande de Austria, la había ayudado a subsanar los obstáculos que la presencia de Herr Minister Göring le causaba.
La encontré en la cocina, supervisando las viandas llegadas de "Dass", el mejor restaurante de Viena. Siempre que mi patrón venía a visitarnos exigía que el almuerzo fuera de ese local.
Göring era un tremendo hipócrita. No se podía presentar, aun viajando de incógnito, en “Dass” por ser su dueña una judía. Pero no quería privarse de esas delicias, aunque Hadassah Alcalay obligase a todo su personal de cocina a seguir las estrictas reglas del Kashruth, que gobiernan la dieta de todo judío ortodoxo.
― Si al menos Der Dicke se conformase con una simple schnitzel ― se lamentó Mutti al saludarme ―, pero no es así. Con tan poco tiempo, Dass no pudo encontrar Fogas.
― Pues el gordo tendrá que pasársela sin su trucha azul. Es lo que merece, por dejarse caer así de improviso.
Examiné las bandejas de metal y porcelana con la letra "D" marcada en todas ellas.
Dass siempre estaba preparada para emergencias y había enviado lo más delicioso de su cocina. Una crema de espárragos muy fina a pesar de estar hecha con margarina de maíz, unos filetes de atún a la parrilla, un guiso de berenjenas,  y una concesión a su menú semanal que solía ser completamente lácteo: un  pato gordo y asado que descansaba en un ataúd de col morada y manzanas caramelizadas.
Todo había sido cocinado por Dass. Göring no hubiese aceptado nada que no fuese manufacturado por las manos de esa judía a la que en público no podía saludar.
Metí mano en la bandeja del pato y saqué un trozo de manzana. Mutti me golpeó los dedos con una servilleta.
― Eres peor que Mausi ¿No te has desayunado en el tren?
― Si, pero la comida de Dass es casi tan tentadora como su fabricante. ¿Donde está Mausi?
― La mandé a casa de Liesel. Ya sabes que no me gusta que mi nieta se codee con los Nazis.
Pude haberle dicho que para todos los efectos yo era Nazi, y que a Göring, a quien le gustaban los niños, le molestaría que mi hija no estuviese presente para saludarlo. Pero, en el fondo de mi corazón, yo tampoco quería a Mausi cerca de mi patrón.
En eso, mi vieja nodriza Benita entró en la cocina balanceando sus amplias caderas como si fuese un barco. Se me  lanzó encima  abrazándome con todo el calor de sus sesenta años.
― ¡Shatz!― gritó, poniéndose más roja que de costumbre ―. Has vuelto. ¿Quieres un café?
― Benita, mejor te lo llevas al comedor y le das algo de comer antes que arruine el almuerzo de su patrón ― ordenó mi madre, empujándome hacia la puerta de la cocina.

El comedor ya estaba preparado para recibir al magno visitante. El fuego crepitaba en la chimenea. Me senté a la mesa cubierta por un mantel de damasco color menta. No podía imaginarme una bienvenida más hogareña aunque todos los arreglos estuviesen destinados a otra persona.
Las sillas, forradas en felpa verde musgo, eran un recuerdo de mi infancia. Habían viajado como yo a Viena desde nuestra casa en Dubrovnik. Cerré los ojos para oler el aroma del aceite de limón con el que las pulían, y volverme a sentirme niño, pero unos pasos me sacaron de mis sueños del pasado.
Dass había llegado y con ella el aroma a “Je Reviens” que olía a mi presente. Abrí los ojos y la vi, siempre tan comme il faut envuelta en una capa color crema ribeteada de marta. Me paré y me acerqué a besarla. Como siempre, intenté llegar a sus labios y como siempre ella esquivó mi beso. Dass era ese sueño imposible que me había perseguido aun en mis años de casado.
― Tu madre me dijo que estabas aquí ― se quitó los guantes de cabritilla, pero no su capa, señal que no pensaba quedarse mucho tiempo.
― Acabo de llegar de Estambul.
Arrastré un asiento para que ella se sentara, acto que hizo en tres partes. Como Davide, Dass era muy alta, narigona y de cabello castaño oscuro con reflejos dorados.
― ¿Fuiste en busca de mi primo? ¿Cómo está? ¿Todavía con la turca?― preguntó.
Aunque Dass nunca había compartido el sueño de Senyor Jajám de que debía casarse con Davide, igual le daba celos saber que Delarah Brand ocupaba un sitio que podía haber sido el de ella. También había cierta rivalidad entre la cocinera y la mujer del banquero. Esa que siempre existe entre mujeres guapas y que se mueven en círculos similares.
― Delarah no estaba con él, y si Davide tiene palabra no la verá en mucho tiempo ― hurgué en mis bolsillos ―. ¿Tienes algo que fumar? Le di todo mi tabaco a mi hermano y me da pereza ir por mi pipa.
Observé como sacaba de un bolsillo de su capa una cigarrera hecha de oro y engarzada en piedras preciosas. Se puso dos cigarrillos en la boca y los encendió con mi encendedor. Fue un placer posar mis labios sobre el cigarrillo que ella había tenido entre los suyos y que había decorado con un pequeño ribete de pinta-labios anaranjado.
― ¿A qué debemos ese milagro? ― preguntó risueña ― Me refiero a que Davide haya sentado cabeza y entrado en razón.
― Entre Estambul y Sofía, Su Majestad le endilgó un sermón... Davide le ha prometido no llevar una vida tan pública. Además ― el recuerdo me incomodó hasta el punto de atenuar el placer que la cálida sala y la cercanía de Dass me proporcionaban. ― Brand ha puesto a la Gestapo detrás de Davide.
― ¿Y qué esperabais? ― Dass casi mordió su cigarro ― .Esas amistades de mi primo. Es un milagro que no hayan intentado matarle.
― El no ve en ella más que una clienta.
― Pero él no es sólo un médico para Delarah Brand. Todo el mundo sabe que está enamorada de Davide. Es vergonzoso.
― La Gestapo también está espiándome.
― ¿Te sorprende? Trabajas para ellos ¿No? Los Nazis se espían unos a otros. Espero que pronto se maten unos a otros y así nos libremos de ellos ―Me miró irritada ― ¿Por qué trabajas para ellos, Viktor?
Era una pregunta incómoda que a veces yo mismo me hacía.
― No trabajo para los Nazis ― su sonrisa burlona casi me hizo ruborizar ― Trabajo para un Nazi. A Göring le gusta el arte, yo sé de arte y necesitaba un empleo. Mi suegro me recomendó…
― Aclaración ― interrumpió Dass ―. A Göring le gusta robar objetos de arte y tú eres un buen ladrón. El te necesita para el más grande robo de la historia. Planea quedarse con todos los tesoros de Europa. Eso cuando Hitler tenga su amada guerra que espero El Dio no le permita ganar.
El Dio permite las cosas más extrañas ― dije con amargura.
La llegada de Benita cargando una bandeja con el servicio de café detuvo la conversación.
― ¿No conocéis los ceniceros?― preguntó mi nodriza señalando las cenizas con las que habíamos llenado el centro de mesa ―. Ahora tendré que limpiar eso. Sois incorregibles.
Nos sirvió café entre rezongos y colocó delante de mí una tajada de tarta de albaricoques, mi postre favorito de “Dass”.
― ¿Lo hiciste tú? ― pregunté a Dass que asintió con la cabeza.
― Traje algunos dulces por si Göring insiste en quedarse al Jause.
― Esperemos que no ― gimió Benita y se marchó gruñendo por lo bajo.
― Pruébala ― me pidió Dass ― Son albaricoques del Wachau. Me llegaron ayer.
La obedecí. La tarta era de masa frágil. Se sentía como mascar un dulce encaje y la fruta tenía el toque exacto de acidez para no hacer la pasta empalagosa. Dass contuvo la respiración hasta ver por los movimientos de mi manzana de Adán que había tragado.
Me miró ansiosa esperando mi reacción. La expresión de mis ojos no necesitaba palabras. Halagada en su orgullo de cocinera, se volvió generosa. Sus ojos se fijaron en el retrato de Mutti sobre la chimenea. Ese que pinté a los dieciocho años en el que únicamente el color rojo del cabello la diferenciaba de su abuela, la Emperatriz Sissi.
― Eres un buen pintor, Viktor ― dijo Dass apagando su cigarrillo en su plato ― ¿Por que no intentar ganarte la vida con tu arte?
― Porque como pintor sólo te ganas la miseria y la esperanza de que tus obras vendan bien cuando ya estés bajo tierra ― dije con sarcasmo ― ¿Sabes cuál de mis obras es la mejor pagada?
Dass no sabía.
― Un mural que hice de Evelyn y sus chicas. Para tu información, Evelyn es la dueña de uno de los  burdeles más exclusivos de Berlín. Queda cerca de la Alexanderplatz. ¿Crees que me podría haber ganado la vida pintando putas?
― Entre pintar putas y trabajar para los Nazis no hay mucha diferencia ― sentenció la cocinera.
Le hubiese respondido una grosería, si Mutti no hubiese entrado, todavía en bata, y todavía lamentándose.
― Gracias por acompañar a Viktor. Hijo, no te hemos recibido como mereces pero eso pasa por tener ese patrón tan arrogante y zafio ― se retorció las manos.
― Lo mismo le decía yo ― dijo Dass con sonrisa astuta.
― Y justo hoy ― las lamentaciones de Mutti no tenían fin ―. Liesel acaba de llegar de Berlín. Entrevistó a Zarah Leander. Quería que la historia saliera mañana en “Mariza”. ¿Como esperan los Nazis que una haga su trabajo?
― A los Nazis no les gustan las mujeres que trabajan. Y hablando de trabajo, debo reasumir el mío ― Dass se levantó y se puso los guantes.
― Paula, espero que todo esté a tu satisfacción ― Le dio a Mutti uno de esos besos falsos que se dan las mujeres para no estropear su tocado ― A la una enviaré la bandeja con los Palatschinken . Que no los pongan al horno sino cuando haya que servirlos. Quedan horribles muy recalentados.
Se alejó de espaldas como un cortesano ante un rey. Antes de cruzar el umbral, me lanzó un beso con la punta de los dedos.
― Te daría uno para tu patrón ― dijo burlona ― pero no quiero contaminar su gorda piel aria.
Mutti pegó un largo suspiro apenas nos quedamos solos.
― Ahora debo ir vestirme ― dijo Mutti ―.  Hazme el favor de bajar a la bodega por el vino. Sube también un par de botellas de champaña.
Fue entonces que sus ojos notaron las cenizas en el centro de mesa.
― ¿Qué no conoces los ceniceros? Ay, Viktor, como te gusta causarme problemas.
Cuando se había ido, pensé que desde mi nacimiento yo estaba dándole problemas y que mi gran suerte era que podía amarme a pesar de ese detalle. Era una responsabilidad que Mutti había asumido, la misma responsabilidad que la madre de Davide prefirió evadir.

Palatschinken  (foto sacada de The Cooking  of Vienna's Empire. Joseph Wechsberg. Time-Life Books)

Der Dicke bebió dos botellas de vino blanco entre la crema de espárragos y el atún del Adriático. La aparición de las berenjenas lo hizo cambiar de color de brebaje. Muy oportuno puesto que ya no quedaban más botellas de Riesling en la bodega.
Era una suerte que Göring no se emborrachara. Quizás el hecho de ser morfinómano lo hacía inmune al alcohol o la cantidad de comida que consumía absorbía el licor. Para cuando llegó el pato se había bebido casi toda la botella de Borgoña. Nuestras copas en cambio, seguían medias.
― Dass se ha sobrepasado a sí misma ― observó tras tomar un bocado de col a la Metternich ―. Si no fuese judía le daría una medalla. Y por supuesto a usted Frau Grafin por esta deliciosa atmósfera.
Inclinó su cabeza galantemente ante Mutti. A su pesar, ella sonrió. En su día, Hermann Göring había sido atractivo, y aún ahora enfundado en masas de grasa corporal, conservaba cierto encanto y el buen trato de quien provenía de un mundo aristocrático muy alejado de la canalla nazi.
― ¿Es Dass austriaca?― preguntó mi patrón.
No supimos que responderle. Como yo, Hadassah venía de Dubrovnik. Pero la destrucción del Imperio Astro-Húngaro nos había convertido en gente sin nacionalidad.
― Sería mejor para ella si fuera austriaca. Aunque el hecho de ser judía tampoco la ayuda ― Göring cortó un trozo de pato con gran cuidado evitando los pequeños huesos del ave  ― .Me temo que hay gente en Alemania interesada en "Dass". Cuando llegue el momento, Hadassah Alcalay tendrá que entregar su restaurante.
"El momento" era un eufemismo para la invasión Nazi de Austria. No me atreví a mirar a Mutti. Me imaginaba su rostro lívido. Mis ojos notaron que sus manos se aferraban al borde de la mesa como si intentara controlarse para no lanzarse sobre nuestro invitado y ahorcarlo.
Gnadige Frau ― Göring estaba sinceramente desolado ―. Discúlpeme por traer un tema tan desagradable a su mesa, pero es una realidad que tarde o temprano tendrá que aceptar. Pondré todos mis esfuerzos para evitar una nueva guerra, pero Austria no puede seguir gravitando por Europa como un satélite. Los pueblos germanos deben estar unidos como en la época del Imperio.
― Pero entonces mandaban los austriacos ― la voz de Mutti me indicó que estaba al borde de las lágrimas.
Hubiese querido evitarle ese dolor, pero mi patrón tenía razón. El Anchluss era irrevocable. El canciller Dolfuss era débil, los Nazis seguían adquiriendo adeptos en nuestra tierra que al final ni nuestra era. Mutti venia de Trieste y yo de Dalmacia.
― Y seguirán mandando ― dijo Göring con voz implacable ― .El Fuhrer nació en Linz.
Mutti se dejó caer sobre el respaldo de su silla como siempre hacía ante una discusión en la que no podía argumentar.
― Hablemos de otra cosa ― Der Dicke dijo consciente de que su estúpida conversación nos había caído como un pisotón de elefante ― Cuéntanos de tu viaje, Viktor.
― ¿Qué puedo contarle que no sepa ya? ― dije con voz agria.
Cómo deseaba sacarle a patadas de mi casa. Ni siquiera era nuestro invitado. Nos había impuesto su presencia.
 ― ¿No se lo han dicho sus espías?
Se rió y bebió más vino.
― Son gajes del oficio, Liebe Viktor. Himmler hace vigilar a todos los que trabajan para mí. Como yo hago con sus empleados.
Qué irritantes eran los Nazis con sus desconfianzas. Quizás Dass tenía razón, y terminasen matándose entre ellos.
― Pero me temo que los agentes en Estambul no estaban tras de ti, sino de Ascarelli. ¿Cómo está el buen doctor?
 ― Molesto. No sabe que ha hecho para atraer la atención de la Gestapo. Y yo no sabía que teníais tantos hombres a vuestra disposición para gastarlos persiguiendo a un ciudadano extranjero.
Los ojos vidriosos de Göring empequeñecieron.
― ¿No sabe que ha hecho y se anda metiendo con mujeres arias y ajenas? Sepp Brand se lo pidió como favor personal a Himmler.
― Pensé que usted comandaba la Gestapo ― dijo mi madre.
Göring se ruborizó.
― Hasta hace poco Frau Grafin, eso era cierto, pero justamente este mes, Himmler y yo hemos limado nuestras asperezas. La Gestapo pasa a manos de las SS. Aunque yo seguiré teniendo mi gente.― Hizo un gesto petulante ― Pronto crearé mi propia agencia de inteligencia.
Himmler y Goring (bibliotecadeladeportacion.blogspot.com)

Me reí para mis adentros. Himmler seguía haciéndole zancadillas al Gordo y quitándole poder. ¿Era eso bueno o malo? Quizás no debería reírme.
Los criados comenzaron a retirar los platos y a preparar la mesa para el postre. La perspectiva del dulce puso a Göring en mejor humor.
― He cenado con Obbergruppenfuher Himmler, hace unos días.― Bajó la voz ― No podéis imaginaros nada más aburrido, pero el buen granjero se ha mostrado muy razonable. Precisamente de eso vengo a hablarte.
― ¿Qué quiere de mi?― pregunte alarmado
― De ti nada. Me temo que su interés esté en tu amigo Ascarelli.
Intercambié una mirada asustada con Mutti. Aunque no habíamos tenido tiempo de hablar, imaginaba que Su Majestad le había contado sobre sus miedos respecto a Davide. Mi padre siempre confiaba en el buen juicio de Mutti. Solía decir que ella y Danilo Alcalay eran los únicos humanos sensatos de esta generación.
― Si es sobre Delarah Brand ― comencé con cautela ― Sus espías le habrán informado que nada indecoroso ha ocurrido entre ellos.
― Efectivamente, tu amigo ha sido un caballero, si tal titulo puede dársele a un judío. En cuanto a Frau Brand, al parecer le ha dado una de esas fiebres que afectan a las mujeres temperamentales. Curioso como son los turcos con los judíos. No es algo propio ni de árabes ni de musulmanes. Los turcos pueden perseguir esporádicamente a los judíos, matar algunos, imponerles impuestos, pero jamás les expulsan totalmente. Es como si no pudieran vivir sin ellos. Eso explica porque Delarah Brand tiene ese capricho, pero no es un capricho digno de la mujer de un alemán.
La llegada del postre le distrajo momentáneamente de sus divagaciones sobre la mala conducta de Frau Brand.
― ¿Hace mucho que conoces a Ascarelli?― preguntó tras haber hincando su tenedor en los Palatschinken  que crujieron levemente exponiendo su relleno de dulce de albaricoque.
― Davide y mi hijo se criaron juntos ― fue Mutti quien respondió por mi ―. El Dr. Alcalay, tío y tutor de Davide, era el pediatra de Viktor.
― Hay quien cree que es muy fácil vivir completamente alejado de los judios ― dijo Der Dicke pensativo ― pero yo muy bien sé que es absurdo, les hay bellísimas personas.
Supe que se refería a su padrino, el Barón von Espenstein, que los rumores decían había sido amante de la madre de Göring.
― ¿Es cierto lo que cuenta Gavrilo Galante que  Ascarelli puede encontrar cualquier objeto o criatura viviente con sólo tocar algo con lo que lo perdido haya tenido contacto?― preguntó de sopetón.
― No sé ― mentí con sequedad. Además la mención de Gavrilo me sacaba de quicio. Aunque nadie supiese de nuestro parentesco, seguía siendo el hijo de mi medio hermana y saberlo metido con gentuza como Himmler...
― Cómo es que el Obbergruppenfuher Himmler permite que Galante este a su lado―pregunté Pensaba que le daba urticaria tener un judío cerca.
Der Dicke se encogió de hombros.
―Mientras no reestructuremos Alemania, no podemos encontrarle una solución al Problema Judío. Por ahora, sool nos interesa sacar a los judíos de la Patria. Y los sionistas nos van a ayudar con eso.Galante es sionista.
No pude evitar que las palabras salieran de mi boca
―Los sionista y el dinero de los judíos. Galante sera sionista, pero Ascarelli no lo es.
Me observó con una sonrisa compasiva.
Mein lieber Viktor, no te pongas a la defensiva conmigo. Si respondes con cortesía y la verdad, quizás pueda alejar a la Gestapo de Ascarelli. De todos modos, le dije a Himmler que yo me encargaría de este asunto.
― ¿Qué asunto?
Göring comenzó a comer su crepas con una lentitud exasperante.  A intervalos, dejaba caer gotitas de información.
― Ya sabes como es Himmler…
― Creo que nos vamos a dedicar a otro tipo de arte. Coleccionaremos viejos códices y manuscritos…
― Himmler quiere crear una institución casi grotesca dedicada a los estudios paranormales. Se interesa por toda manifestación sobrenatural. Pobrecillo…
― ¿Quiere que Davide trabaje para él?― aventuró Mutti que como yo también estaba consumida por la curiosidad.
― Me temo que los judíos no serán empleados de Himmler, sino conejillos de Indias ― Göring se río, pero su risa se paró en seco al ver la cara horrorizada de Mutti ― .Frau Grafin, no todos los Nazis creemos que los judíos deben ser masacrados o desterrados. Hay elementos ente ellos que merecen ser salvaguardados. Gente como Ascarelli que parece ser un poco extraordinario.
― No se imagina cuanto ― le dije.
― Si es así, convéncele de que me ayude a encontrar algo. Le pagaré bien.
― Ascarelli no trabaja por dinero ― me sentía obligado a defender la dignidad de mi hermano ― ¿Qué se le ha perdido que necesita que le encuentre?
― A mi nada. Pero a Himmler parece que si. Está interesado en un libro perdido. Un manuscrito fantástico que le ayudará a encontrar el secreto de Vril. Los libros de una tal María Hebrea.
Dejé caer mi tenedor en el plato, ya no me apetecía el postre. No bastaba con el chiflado de mi hermano. Ahora hasta los Nazis querían encontrar Las Siete Puertas de María Hebrea, todo en aras de su absurda búsqueda de Vril.

(Wikipedia)


Para muchos, Vril es un concepto de ciencia ficción. Algo que inventó Bulwer Lytton en una mediocre novelilla del Siglo XIX. Lo cierto es que Lord Edward fue en su día compinche de Su Majestad y de ahí derivó la malhadada idea de escribir una novela sobre una raza subterránea, a la que tuvo el buen gusto de no identificar con los Shedim.
Sin embargo, los esotéricos sí indagaron y descubrieron que tal raza poseedora de tan mágica energía existía realmente. Lo que por suerte nunca supieron es que era exactamente Vril.
En términos simples, Vril es un germen, parte de la fisiología Shedim, que puede permanecer dormido en su interior sin nunca manifestarse. De cada doscientos Shedim solo uno contraerá la forma más virulenta de Vril que siempre es letal.
 Tras la muerte del enfermo, su carga de Vril permanece suspendida en la atmósfera. De ella se alimentan los Shedim. Como todo en su pragmático reino, la energía del fallecido se vuelve algo útil, es el combustible que maneja todos sus poderes, el de sanar, el de crear, y el de destruir. La carga de un solo individuo puede sostener a dos millones de Shedim. Tal como en la novela, el Vril de las Shedim es más fuerte que el de sus hombres.
Aunque Vril es un elemento autóctono del reino de mi padre, muchos humanos han intentado conseguirle, ignorando que al ser un virus, no se obtiene. Se contagia y se contrae, con gravísimos efectos tanto para el contagiado como para el medio ambiente que le rodea. En términos científicos, Vril es una toxina altamente radioactiva.
Tanto Davide como yo tenemos en nuestra sangre el virus del Vril, y desde pequeños se nos ha exigido encarecidamente que no hagamos nada que pueda provocar un brote del mal. Sin embargo, existe un rumor de que hay humanos que si han sabido manejarlo. Una leyenda dice que María Hebrea lo logró y que una de sus Puertas habla de cómo dominar esa energía. Es posible, pero yo nunca he creído que María Hebrea fuera humana.



9 comentarios:

  1. Hacía años que no escuchaba hablar del vril! Algunos dicen que es la energía que mueve a los OVNIS...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo sabia de Vril por a novela de Bulwer-Lytton, pero cuando me puse a investigar sobre el esoterismo Nazi descubrí que ellos creían en a existencia de VRriL y de la raza subterránea que lo posee que organizaron varias expediciones para encontrar esos reinos subterráneos.

      Eliminar
    2. Sí, algo de eso sale en los libros de Abel Posse... el tema de la búsqueda del reino subterráneo es interesantísimo... en mi novela inconclusa, la protagonista femenina viene de un país formado por los exiliados de la Atlántida en el interior de la Tierra, debajo de la Cordillera de los Andes. Inspirado por la obra de muchos místicos y de varios investigadores de esos que rozan la arqueología-ficción, como Jadwiga Pasenkiewicz en "Los soberanos de los Mundos Perdidos". Yo leía mucho de esto, pero en la carrera no los podés ni nombrar, son los popes malditos...

      Eliminar
    3. Yo soy fanática de la criptohistoria al igual que de a criptozoología. Como historiadora sabes que hay una “historia oficial” y una microhistoria y que la verdad esta en algún espacio intermedio. Yo escribía inicialmente ficción histórica, pero yendo por lo fantástico pude tratar cosas que como dices” no se hablan”. Hay teorías y menciones desde La Conquista de túneles subterráneos que van desde Colombia hasta a Patagonia, así que imagínate. Yo soy muy creyente en la Teoría de la Tierra Hueca, aunque muchos científicos digan que es imposible. En el folclore celta (hice mi tesis sobre ese tema) se cree que las hadas viven bajo tierra, lo mismo que los Mouros gallegos...y los Shedim. Aun mas, en Gaélico hada se dice “Shee" y en hebreo a nuestras “hadas” (o demonios como los llaman los fariseos), se le llama “Shed” (en singular). Esa raíz común (y no es la única similitud) me llevó a pensar que efectivamente hay civilizaciones subterráneas.

      Eliminar
    4. Yo también soy creyente... desde los 10 años. Pero no se lo digas a nadie, que puedo perder el trabajo, jeje... ;)

      Eliminar
    5. Amigas, me uno a ustedes. Igual y no es una tierra "hueca" literal, pero de que hay otro plano que se mueve junto al nuestro y cosas mucho más allá de la cosa de la ciencia, las hay. Estoy bien segura ;) También sé que la caza sobrenatural de los Nazis no era en vano, se traían algo muy muy grueso. Lo que pasa es que una tiende a callarse esas cosas porque en general la gente te tacha de loca, mejor ser discreta y saber con quién hablarlo :)
      Un abrazo enorme a las dos
      Me hace Feliz que la Puerta tenga comentarios, espero que haya muchos, muchos más :)

      Eliminar
    6. Hay un programa bien chanta en el History Channel que se llama “Alienígenos Ancestrales”, y en el que todo misterio de la historia, toda criatura sobrenatural sea hada, ángel, demonio o zombi es un alienígeno. Esa es una simpleza. Yo creo que no debemos pensar que todo lo misterioso de nuestro planeta viene de afuera.
      Hay tanto sobre los Nazis que desconocemos. En el libro de Pawells y Berger “El Retorno de los brujos” dicen que en la Alemania Nazi se creía (y se enseñaba en las escuelas) que la tierra era cóncava y que los humanos vivíamos dentro de ella. Pero nunca más he escuchado esa teoría en ninguna otra parte.
      Me alegro muchísimo que dos amigas tan queridas crean lo mismo que yo, y que las dos se encuentre en este espacio y que amen mi novela y a lean y la comenten.
      Besos grandes a ambas.

      Eliminar
    7. Eso de atribuirle cada logro inexplicable del espíritu humano a fuerzas alienígenas es un recurso de perezoso mental... o de etnocéntrico. Estamos tan acostumbrados a creernos que somos "lo más avanzado que ha logrado la civilización humana" que nos resulta difícil de tragar la idea que, en épocas pasadas, el hombre haya podido generar obras de tal maestría como las pirámides de Egipto, por decir un caso conocido... Una verdadera pena, porque de esa manera nos ponemos a mirar el pasado con un ojo deliberadamente cerrado.
      Scarlett, es muy interesante lo que dices del interior de la Tierra en un sentido figurado. Podría ser muy bien así como lo planteas. De hecho, la ciencia con su constante avance va explicando paulatinamente cosas que, hasta ayer, eran consideradas magia. ¿No será que el hombre llama "magia" a lo que aún no puede entender, y cuando lo comprende le dice "ciencia"? No me parece que sean incompatibles. Y tampoco me parece que la ciencia (en el sentido de investigación racional) sea la única vía de conocimiento válida que tenemos...
      Qué lindo poder charlar con ustedes de estas cosas, chicas... siento como si hubiera llegado a casa.

      Eliminar
    8. Lo inexplicable no siempre tiene que tener raíces científicas. Ni todas las explicaciones científicas deben ser aceptadas solo por serlo. La raza humana es muy frágil e inepta y solo usamos la cuarta parte de nuestro cerebro. Entonces, obligatoriamente tienen que existir entes superiores tal como somos superiores a los monos. Lo de los alienígenos esta de moda, porque suena científico. Si busco una respuesta seudocientífica prefiero la de mundos paralelos. Yo siempre ando en busca de portales, por eso lo de las 7 puertas A mi también me gustan mucho estas conversaciones y me alegra que sea mi novela las que las provoque.

      Eliminar