Viena,
abril de 1934
Encontré
mi casa convertida en un manicomio. Göring había telefoneado desde Sacher’s,
esa misma mañana, informando a Mutti
de su llegada y de su próxima visita a nuestra mansión en Döbling. A la hora de
almuerzo precisamente.
Mutti estaba a punto de echarse a llorar. Sólo su
tremendo talento administrativo, propio de la editora de “Mariza”, la revista
femenina más grande de Austria, la había ayudado a subsanar los obstáculos que
la presencia de Herr Minister Göring
le causaba.
La
encontré en la cocina, supervisando las viandas llegadas de "Dass",
el mejor restaurante de Viena. Siempre que mi patrón venía a visitarnos exigía
que el almuerzo fuera de ese local.
Göring
era un tremendo hipócrita. No se podía presentar, aun viajando de incógnito, en
“Dass” por ser su dueña una judía. Pero no quería privarse de esas delicias,
aunque Hadassah Alcalay obligase a todo su personal de cocina a seguir las
estrictas reglas del Kashruth, que gobiernan la dieta de todo judío ortodoxo.
― Si al
menos Der Dicke se conformase con una
simple schnitzel ― se lamentó Mutti
al saludarme ―, pero no es así. Con tan poco tiempo, Dass no pudo encontrar Fogas.
― Pues
el gordo tendrá que pasársela sin su trucha azul. Es lo que merece, por dejarse
caer así de improviso.
Examiné
las bandejas de metal y porcelana con la letra "D" marcada en todas
ellas.
Dass
siempre estaba preparada para emergencias y había enviado lo más delicioso de
su cocina. Una crema de espárragos muy fina a pesar de estar hecha con
margarina de maíz, unos filetes de atún a la parrilla, un guiso de berenjenas, y una concesión a su menú semanal que solía
ser completamente lácteo: un pato gordo
y asado que descansaba en un ataúd de col morada y manzanas caramelizadas.
Todo había
sido cocinado por Dass. Göring no hubiese aceptado nada que no fuese
manufacturado por las manos de esa judía a la que en público no podía saludar.
Metí
mano en la bandeja del pato y saqué un trozo de manzana. Mutti me golpeó los dedos
con una servilleta.
― Eres
peor que Mausi ¿No te has desayunado en el tren?
― Si,
pero la comida de Dass es casi tan tentadora como su fabricante. ¿Donde está
Mausi?
― La mandé
a casa de Liesel. Ya sabes que no me gusta que mi nieta se codee con los Nazis.
Pude haberle
dicho que para todos los efectos yo era Nazi, y que a Göring, a quien le
gustaban los niños, le molestaría que mi hija no estuviese presente para
saludarlo. Pero, en el fondo de mi corazón, yo tampoco quería a Mausi cerca de
mi patrón.
En eso,
mi vieja nodriza Benita entró en la cocina balanceando sus amplias caderas como
si fuese un barco. Se me lanzó encima abrazándome con todo el calor de sus sesenta
años.
― ¡Shatz!― gritó, poniéndose más roja que
de costumbre ―. Has vuelto. ¿Quieres un café?
― Benita,
mejor te lo llevas al comedor y le das algo de comer antes que arruine el
almuerzo de su patrón ― ordenó mi madre, empujándome hacia la puerta de la
cocina.
El
comedor ya estaba preparado para recibir al magno visitante. El fuego crepitaba
en la chimenea. Me senté a la mesa cubierta por un mantel de damasco color menta.
No podía imaginarme una bienvenida más hogareña aunque todos los arreglos
estuviesen destinados a otra persona.
Las sillas, forradas en felpa verde musgo, eran un recuerdo de mi infancia.
Habían viajado como yo a Viena desde nuestra casa en Dubrovnik. Cerré los ojos
para oler el aroma del aceite de limón con el que las pulían, y volverme a
sentirme niño, pero unos pasos me sacaron de mis sueños del pasado.
Dass
había llegado y con ella el aroma a “Je Reviens” que olía a mi presente. Abrí
los ojos y la vi, siempre tan comme il
faut envuelta en una capa color crema ribeteada de marta. Me paré y me
acerqué a besarla. Como siempre, intenté llegar a sus labios y como siempre
ella esquivó mi beso. Dass era ese sueño imposible que me había perseguido aun
en mis años de casado.
― Tu
madre me dijo que estabas aquí ― se quitó los guantes de cabritilla, pero no su
capa, señal que no pensaba quedarse mucho tiempo.
― Acabo
de llegar de Estambul.
Arrastré
un asiento para que ella se sentara, acto que hizo en tres partes. Como Davide,
Dass era muy alta, narigona y de cabello castaño oscuro con reflejos dorados.
― ¿Fuiste
en busca de mi primo? ¿Cómo está? ¿Todavía con la turca?― preguntó.
Aunque
Dass nunca había compartido el sueño de Senyor
Jajám de que debía casarse con Davide, igual le daba celos saber que
Delarah Brand ocupaba un sitio que podía haber sido el de ella. También había
cierta rivalidad entre la cocinera y la mujer del banquero. Esa que siempre
existe entre mujeres guapas y que se mueven en círculos similares.
― Delarah
no estaba con él, y si Davide tiene palabra no la verá en mucho tiempo ― hurgué
en mis bolsillos ―. ¿Tienes algo que fumar? Le di todo mi tabaco a mi hermano y
me da pereza ir por mi pipa.
Observé
como sacaba de un bolsillo de su capa una cigarrera hecha de oro y engarzada en
piedras preciosas. Se puso dos cigarrillos en la boca y los encendió con mi encendedor.
Fue un placer posar mis labios sobre el cigarrillo que ella había tenido entre
los suyos y que había decorado con un pequeño ribete de pinta-labios
anaranjado.
― ¿A
qué debemos ese milagro? ― preguntó risueña ― Me refiero a que Davide haya
sentado cabeza y entrado en razón.
― Entre
Estambul y Sofía, Su Majestad le endilgó un sermón... Davide le ha prometido no
llevar una vida tan pública. Además ― el recuerdo me incomodó hasta el punto de
atenuar el placer que la cálida sala y la cercanía de Dass me proporcionaban. ―
Brand ha puesto a la Gestapo detrás de Davide.
― ¿Y
qué esperabais? ― Dass casi mordió su cigarro ― .Esas amistades de mi primo. Es
un milagro que no hayan intentado matarle.
― El no
ve en ella más que una clienta.
― Pero
él no es sólo un médico para Delarah Brand. Todo el mundo sabe que está
enamorada de Davide. Es vergonzoso.
― La
Gestapo también está espiándome.
― ¿Te
sorprende? Trabajas para ellos ¿No? Los Nazis se espían unos a otros. Espero
que pronto se maten unos a otros y así nos libremos de ellos ―Me miró irritada
― ¿Por qué trabajas para ellos, Viktor?
Era una
pregunta incómoda que a veces yo mismo me hacía.
― No
trabajo para los Nazis ― su sonrisa burlona casi me hizo ruborizar ― Trabajo
para un Nazi. A Göring le gusta el arte, yo sé de arte y necesitaba un empleo.
Mi suegro me recomendó…
― Aclaración
― interrumpió Dass ―. A Göring le gusta robar objetos de arte y tú eres un buen
ladrón. El te necesita para el más grande robo de la historia. Planea quedarse
con todos los tesoros de Europa. Eso cuando Hitler tenga su amada guerra que
espero El Dio no le permita ganar.
― El Dio permite las cosas más extrañas ―
dije con amargura.
La
llegada de Benita cargando una bandeja con el servicio de café detuvo la
conversación.
― ¿No
conocéis los ceniceros?― preguntó mi nodriza señalando las cenizas con las que
habíamos llenado el centro de mesa ―. Ahora tendré que limpiar eso. Sois incorregibles.
Nos
sirvió café entre rezongos y colocó delante de mí una tajada de tarta de
albaricoques, mi postre favorito de “Dass”.
― ¿Lo
hiciste tú? ― pregunté a Dass que asintió con la cabeza.
― Traje
algunos dulces por si Göring insiste en quedarse al Jause.
― Esperemos
que no ― gimió Benita y se marchó gruñendo por lo bajo.
― Pruébala
― me pidió Dass ― Son albaricoques del Wachau. Me llegaron ayer.
La
obedecí. La tarta era de masa frágil. Se sentía como mascar un dulce encaje y
la fruta tenía el toque exacto de acidez para no hacer la pasta empalagosa.
Dass contuvo la respiración hasta ver por los movimientos de mi manzana de Adán
que había tragado.
Me miró
ansiosa esperando mi reacción. La expresión de mis ojos no necesitaba palabras.
Halagada en su orgullo de cocinera, se volvió generosa. Sus ojos se fijaron en
el retrato de Mutti sobre la
chimenea. Ese que pinté a los dieciocho años en el que únicamente el color rojo
del cabello la diferenciaba de su abuela, la Emperatriz Sissi.
― Eres
un buen pintor, Viktor ― dijo Dass apagando su cigarrillo en su plato ― ¿Por
que no intentar ganarte la vida con tu arte?
― Porque
como pintor sólo te ganas la miseria y la esperanza de que tus obras vendan
bien cuando ya estés bajo tierra ― dije con sarcasmo ― ¿Sabes cuál de mis obras
es la mejor pagada?
Dass no
sabía.
― Un
mural que hice de Evelyn y sus chicas. Para tu información, Evelyn es la dueña
de uno de los burdeles más exclusivos de
Berlín. Queda cerca de la
Alexanderplatz. ¿Crees que me podría haber ganado la vida
pintando putas?
― Entre
pintar putas y trabajar para los Nazis no hay mucha diferencia ― sentenció la
cocinera.
Le hubiese
respondido una grosería, si Mutti no
hubiese entrado, todavía en bata, y todavía lamentándose.
― Gracias
por acompañar a Viktor. Hijo, no te hemos recibido como mereces pero eso pasa
por tener ese patrón tan arrogante y zafio ― se retorció las manos.
― Lo
mismo le decía yo ― dijo Dass con sonrisa astuta.
― Y
justo hoy ― las lamentaciones de Mutti no tenían fin ―. Liesel acaba de llegar
de Berlín. Entrevistó a Zarah Leander. Quería que la historia saliera mañana en
“Mariza”. ¿Como esperan los Nazis que una haga su trabajo?
― A los
Nazis no les gustan las mujeres que trabajan. Y hablando de trabajo, debo
reasumir el mío ― Dass se levantó y se puso los guantes.
― Paula,
espero que todo esté a tu satisfacción ― Le dio a Mutti uno de esos besos
falsos que se dan las mujeres para no estropear su tocado ― A la una enviaré la
bandeja con los Palatschinken . Que no
los pongan al horno sino cuando haya que servirlos. Quedan horribles muy recalentados.
Se
alejó de espaldas como un cortesano ante un rey. Antes de cruzar el umbral, me
lanzó un beso con la punta de los dedos.
― Te
daría uno para tu patrón ― dijo burlona ― pero no quiero contaminar su gorda
piel aria.
Mutti pegó
un largo suspiro apenas nos quedamos solos.
― Ahora
debo ir vestirme ― dijo Mutti ―. Hazme
el favor de bajar a la bodega por el vino. Sube también un par de botellas de champaña.
Fue entonces
que sus ojos notaron las cenizas en el centro de mesa.
― ¿Qué
no conoces los ceniceros? Ay, Viktor, como te gusta causarme problemas.
Cuando
se había ido, pensé que desde mi nacimiento yo estaba dándole problemas y que
mi gran suerte era que podía amarme a pesar de ese detalle. Era una
responsabilidad que Mutti había
asumido, la misma responsabilidad que la madre de Davide prefirió evadir.
![]() |
| Palatschinken (foto sacada de The Cooking of Vienna's Empire. Joseph Wechsberg. Time-Life Books) |
Der Dicke bebió dos botellas de vino blanco entre la
crema de espárragos y el atún del Adriático. La aparición de las berenjenas lo hizo
cambiar de color de brebaje. Muy oportuno puesto que ya no quedaban más botellas
de Riesling en la bodega.
Era una
suerte que Göring no se emborrachara. Quizás el hecho de ser morfinómano lo
hacía inmune al alcohol o la cantidad de comida que consumía absorbía el licor.
Para cuando llegó el pato se había bebido casi toda la botella de Borgoña. Nuestras
copas en cambio, seguían medias.
― Dass se
ha sobrepasado a sí misma ― observó tras tomar un bocado de col a la Metternich
―. Si no fuese judía le daría una medalla. Y por supuesto a usted Frau Grafin por esta deliciosa
atmósfera.
Inclinó
su cabeza galantemente ante Mutti. A su pesar, ella sonrió. En su día, Hermann Göring
había sido atractivo, y aún ahora enfundado en masas de grasa corporal,
conservaba cierto encanto y el buen trato de quien provenía de un mundo
aristocrático muy alejado de la canalla nazi.
― ¿Es
Dass austriaca?― preguntó mi patrón.
No
supimos que responderle. Como yo, Hadassah venía de Dubrovnik. Pero la
destrucción del Imperio Astro-Húngaro nos había convertido en gente sin
nacionalidad.
― Sería
mejor para ella si fuera austriaca. Aunque el hecho de ser judía tampoco la ayuda
― Göring cortó un trozo de pato con gran cuidado evitando los pequeños huesos
del ave ― .Me temo que hay gente en Alemania interesada en "Dass". Cuando
llegue el momento, Hadassah Alcalay tendrá que entregar su restaurante.
"El
momento" era un eufemismo para la invasión Nazi de Austria. No me atreví a
mirar a Mutti. Me imaginaba su rostro
lívido. Mis ojos notaron que sus manos se aferraban al borde de la mesa como si
intentara controlarse para no lanzarse sobre nuestro invitado y ahorcarlo.
― Gnadige Frau ― Göring estaba
sinceramente desolado ―. Discúlpeme por traer un tema tan desagradable a su
mesa, pero es una realidad que tarde o temprano tendrá que aceptar. Pondré
todos mis esfuerzos para evitar una nueva guerra, pero Austria no puede seguir
gravitando por Europa como un satélite. Los pueblos germanos deben estar unidos
como en la época del Imperio.
― Pero
entonces mandaban los austriacos ― la voz de Mutti me indicó que estaba al borde de las lágrimas.
Hubiese
querido evitarle ese dolor, pero mi patrón tenía razón. El Anchluss era irrevocable. El canciller Dolfuss era débil, los Nazis
seguían adquiriendo adeptos en nuestra tierra que al final ni nuestra era. Mutti venia de Trieste y yo de Dalmacia.
― Y
seguirán mandando ― dijo Göring con voz implacable ― .El Fuhrer nació en Linz.
Mutti se dejó caer sobre el respaldo de su silla
como siempre hacía ante una discusión en la que no podía argumentar.
― Hablemos
de otra cosa ― Der Dicke dijo consciente
de que su estúpida conversación nos había caído como un pisotón de elefante ― Cuéntanos
de tu viaje, Viktor.
― ¿Qué
puedo contarle que no sepa ya? ― dije con voz agria.
Cómo
deseaba sacarle a patadas de mi casa. Ni siquiera era nuestro invitado. Nos
había impuesto su presencia.
― ¿No se lo han dicho sus espías?
Se rió y
bebió más vino.
― Son
gajes del oficio, Liebe Viktor.
Himmler hace vigilar a todos los que trabajan para mí. Como yo hago con sus empleados.
Qué
irritantes eran los Nazis con sus desconfianzas. Quizás Dass tenía razón, y
terminasen matándose entre ellos.
― Pero
me temo que los agentes en Estambul no estaban tras de ti, sino de Ascarelli.
¿Cómo está el buen doctor?
― Molesto. No sabe que ha hecho para atraer la
atención de la Gestapo. Y
yo no sabía que teníais tantos hombres a vuestra disposición para gastarlos
persiguiendo a un ciudadano extranjero.
Los
ojos vidriosos de Göring empequeñecieron.
― ¿No
sabe que ha hecho y se anda metiendo con mujeres arias y ajenas? Sepp Brand se
lo pidió como favor personal a Himmler.
― Pensé
que usted comandaba la Gestapo
― dijo mi madre.
Göring
se ruborizó.
― Hasta
hace poco Frau Grafin, eso era
cierto, pero justamente este mes, Himmler y yo hemos limado nuestras asperezas.
La Gestapo
pasa a manos de las SS. Aunque yo seguiré teniendo mi gente.― Hizo un gesto
petulante ― Pronto crearé mi propia agencia de inteligencia.
![]() |
| Himmler y Goring (bibliotecadeladeportacion.blogspot.com) |
Me reí
para mis adentros. Himmler seguía haciéndole zancadillas al Gordo y quitándole
poder. ¿Era eso bueno o malo? Quizás no debería reírme.
Los
criados comenzaron a retirar los platos y a preparar la mesa para el postre. La
perspectiva del dulce puso a Göring en mejor humor.
― He
cenado con Obbergruppenfuher Himmler,
hace unos días.― Bajó la voz ― No podéis imaginaros nada más aburrido, pero el
buen granjero se ha mostrado muy razonable. Precisamente de eso vengo a hablarte.
― ¿Qué
quiere de mi?― pregunte alarmado
― De ti
nada. Me temo que su interés esté en tu amigo Ascarelli.
Intercambié
una mirada asustada con Mutti. Aunque
no habíamos tenido tiempo de hablar, imaginaba que Su Majestad le había contado
sobre sus miedos respecto a Davide. Mi padre siempre confiaba en el buen juicio
de Mutti. Solía decir que ella y
Danilo Alcalay eran los únicos humanos sensatos de esta generación.
― Si es
sobre Delarah Brand ― comencé con cautela ― Sus espías le habrán informado que
nada indecoroso ha ocurrido entre ellos.
― Efectivamente,
tu amigo ha sido un caballero, si tal titulo puede dársele a un judío. En
cuanto a Frau Brand, al parecer le ha dado una de esas fiebres que afectan a
las mujeres temperamentales. Curioso como son los turcos con los judíos. No es
algo propio ni de árabes ni de musulmanes. Los turcos pueden perseguir
esporádicamente a los judíos, matar algunos, imponerles impuestos, pero jamás
les expulsan totalmente. Es como si no pudieran vivir sin ellos. Eso explica porque
Delarah Brand tiene ese capricho, pero no es un capricho digno de la mujer de
un alemán.
La
llegada del postre le distrajo momentáneamente de sus divagaciones sobre la mala
conducta de Frau Brand.
― ¿Hace
mucho que conoces a Ascarelli?― preguntó tras haber hincando su tenedor en los Palatschinken que crujieron levemente
exponiendo su relleno de dulce de albaricoque.
―
Davide y mi hijo se criaron juntos ― fue Mutti quien respondió por mi ―. El Dr.
Alcalay, tío y tutor de Davide, era el pediatra de Viktor.
― Hay
quien cree que es muy fácil vivir completamente alejado de los judios ― dijo Der Dicke pensativo ― pero yo muy bien
sé que es absurdo, les hay bellísimas personas.
Supe
que se refería a su padrino, el Barón von Espenstein, que los rumores decían
había sido amante de la madre de Göring.
― ¿Es
cierto lo que cuenta Gavrilo Galante que Ascarelli puede encontrar cualquier objeto o
criatura viviente con sólo tocar algo con lo que lo perdido haya tenido
contacto?― preguntó de sopetón.
― No sé
― mentí con sequedad. Además la mención de Gavrilo me sacaba de quicio. Aunque nadie
supiese de nuestro parentesco, seguía siendo el hijo de mi medio hermana y
saberlo metido con gentuza como Himmler...
― Cómo
es que el Obbergruppenfuher Himmler
permite que Galante este a su lado―pregunté Pensaba que le daba urticaria tener
un judío cerca.
Der
Dicke se encogió de hombros.
―Mientras
no reestructuremos Alemania, no podemos encontrarle una solución al Problema
Judío. Por ahora, sool nos interesa sacar a los judíos de la Patria. Y los
sionistas nos van a ayudar con eso.Galante es sionista.
No pude
evitar que las palabras salieran de mi boca
―Los
sionista y el dinero de los judíos. Galante sera sionista, pero Ascarelli no lo es.
Me
observó con una sonrisa compasiva.
― Mein lieber Viktor, no te pongas a la
defensiva conmigo. Si respondes con cortesía y la verdad, quizás pueda alejar a
la Gestapo de
Ascarelli. De todos modos, le dije a Himmler que yo me encargaría de este
asunto.
― ¿Qué
asunto?
Göring
comenzó a comer su crepas con una lentitud exasperante. A intervalos, dejaba caer gotitas de
información.
― Ya
sabes como es Himmler…
― Creo
que nos vamos a dedicar a otro tipo de arte. Coleccionaremos viejos códices y manuscritos…
― Himmler
quiere crear una institución casi grotesca dedicada a los estudios
paranormales. Se interesa por toda manifestación sobrenatural. Pobrecillo…
― ¿Quiere
que Davide trabaje para él?― aventuró
Mutti que como yo también estaba consumida por la curiosidad.
― Me
temo que los judíos no serán empleados de Himmler, sino conejillos de Indias ― Göring
se río, pero su risa se paró en seco al ver la cara horrorizada de Mutti ― .Frau Grafin, no todos los Nazis creemos
que los judíos deben ser masacrados o desterrados. Hay elementos ente ellos que
merecen ser salvaguardados. Gente como Ascarelli que parece ser un poco
extraordinario.
― No se
imagina cuanto ― le dije.
― Si es
así, convéncele de que me ayude a encontrar algo. Le pagaré bien.
―
Ascarelli no trabaja por dinero ― me sentía obligado a defender la dignidad de
mi hermano ― ¿Qué se le ha perdido que necesita que le encuentre?
― A mi
nada. Pero a Himmler parece que si. Está interesado en un libro perdido. Un
manuscrito fantástico que le ayudará a encontrar el secreto de Vril. Los libros
de una tal María Hebrea.
Dejé
caer mi tenedor en el plato, ya no me apetecía el postre. No bastaba con el
chiflado de mi hermano. Ahora hasta los Nazis querían encontrar Las Siete
Puertas de María Hebrea, todo en aras de su absurda búsqueda de Vril.
![]() |
| (Wikipedia) |
Para
muchos, Vril es un concepto de ciencia ficción. Algo que inventó Bulwer Lytton
en una mediocre novelilla del Siglo XIX. Lo cierto es que Lord Edward fue en su
día compinche de Su Majestad y de ahí derivó la malhadada idea de escribir una
novela sobre una raza subterránea, a la que tuvo el buen gusto de no identificar
con los Shedim.
Sin embargo,
los esotéricos sí indagaron y descubrieron que tal raza poseedora de tan mágica
energía existía realmente. Lo que por suerte nunca supieron es que era
exactamente Vril.
En términos
simples, Vril es un germen, parte de la fisiología Shedim, que puede permanecer
dormido en su interior sin nunca manifestarse. De cada doscientos Shedim solo
uno contraerá la forma más virulenta de Vril que siempre es letal.
Tras la muerte del enfermo, su carga de Vril
permanece suspendida en la atmósfera. De ella se alimentan los Shedim. Como
todo en su pragmático reino, la energía del fallecido se vuelve algo útil, es
el combustible que maneja todos sus poderes, el de sanar, el de crear, y el de
destruir. La carga de un solo individuo puede sostener a dos millones de
Shedim. Tal como en la novela, el Vril de las Shedim es más fuerte que el de
sus hombres.
Aunque
Vril es un elemento autóctono del reino de mi padre, muchos humanos han
intentado conseguirle, ignorando que al ser un virus, no se obtiene. Se
contagia y se contrae, con gravísimos efectos tanto para el contagiado como
para el medio ambiente que le rodea. En términos científicos, Vril es una
toxina altamente radioactiva.
Tanto
Davide como yo tenemos en nuestra sangre el virus del Vril, y desde pequeños se
nos ha exigido encarecidamente que no hagamos nada que pueda provocar un brote
del mal. Sin embargo, existe un rumor de que hay humanos que si han sabido
manejarlo. Una leyenda dice que María Hebrea lo logró y que una de sus Puertas habla
de cómo dominar esa energía. Es posible, pero yo nunca he creído que María
Hebrea fuera humana.



Hacía años que no escuchaba hablar del vril! Algunos dicen que es la energía que mueve a los OVNIS...
ResponderEliminarYo sabia de Vril por a novela de Bulwer-Lytton, pero cuando me puse a investigar sobre el esoterismo Nazi descubrí que ellos creían en a existencia de VRriL y de la raza subterránea que lo posee que organizaron varias expediciones para encontrar esos reinos subterráneos.
EliminarSí, algo de eso sale en los libros de Abel Posse... el tema de la búsqueda del reino subterráneo es interesantísimo... en mi novela inconclusa, la protagonista femenina viene de un país formado por los exiliados de la Atlántida en el interior de la Tierra, debajo de la Cordillera de los Andes. Inspirado por la obra de muchos místicos y de varios investigadores de esos que rozan la arqueología-ficción, como Jadwiga Pasenkiewicz en "Los soberanos de los Mundos Perdidos". Yo leía mucho de esto, pero en la carrera no los podés ni nombrar, son los popes malditos...
EliminarYo soy fanática de la criptohistoria al igual que de a criptozoología. Como historiadora sabes que hay una “historia oficial” y una microhistoria y que la verdad esta en algún espacio intermedio. Yo escribía inicialmente ficción histórica, pero yendo por lo fantástico pude tratar cosas que como dices” no se hablan”. Hay teorías y menciones desde La Conquista de túneles subterráneos que van desde Colombia hasta a Patagonia, así que imagínate. Yo soy muy creyente en la Teoría de la Tierra Hueca, aunque muchos científicos digan que es imposible. En el folclore celta (hice mi tesis sobre ese tema) se cree que las hadas viven bajo tierra, lo mismo que los Mouros gallegos...y los Shedim. Aun mas, en Gaélico hada se dice “Shee" y en hebreo a nuestras “hadas” (o demonios como los llaman los fariseos), se le llama “Shed” (en singular). Esa raíz común (y no es la única similitud) me llevó a pensar que efectivamente hay civilizaciones subterráneas.
EliminarYo también soy creyente... desde los 10 años. Pero no se lo digas a nadie, que puedo perder el trabajo, jeje... ;)
EliminarAmigas, me uno a ustedes. Igual y no es una tierra "hueca" literal, pero de que hay otro plano que se mueve junto al nuestro y cosas mucho más allá de la cosa de la ciencia, las hay. Estoy bien segura ;) También sé que la caza sobrenatural de los Nazis no era en vano, se traían algo muy muy grueso. Lo que pasa es que una tiende a callarse esas cosas porque en general la gente te tacha de loca, mejor ser discreta y saber con quién hablarlo :)
EliminarUn abrazo enorme a las dos
Me hace Feliz que la Puerta tenga comentarios, espero que haya muchos, muchos más :)
Hay un programa bien chanta en el History Channel que se llama “Alienígenos Ancestrales”, y en el que todo misterio de la historia, toda criatura sobrenatural sea hada, ángel, demonio o zombi es un alienígeno. Esa es una simpleza. Yo creo que no debemos pensar que todo lo misterioso de nuestro planeta viene de afuera.
EliminarHay tanto sobre los Nazis que desconocemos. En el libro de Pawells y Berger “El Retorno de los brujos” dicen que en la Alemania Nazi se creía (y se enseñaba en las escuelas) que la tierra era cóncava y que los humanos vivíamos dentro de ella. Pero nunca más he escuchado esa teoría en ninguna otra parte.
Me alegro muchísimo que dos amigas tan queridas crean lo mismo que yo, y que las dos se encuentre en este espacio y que amen mi novela y a lean y la comenten.
Besos grandes a ambas.
Eso de atribuirle cada logro inexplicable del espíritu humano a fuerzas alienígenas es un recurso de perezoso mental... o de etnocéntrico. Estamos tan acostumbrados a creernos que somos "lo más avanzado que ha logrado la civilización humana" que nos resulta difícil de tragar la idea que, en épocas pasadas, el hombre haya podido generar obras de tal maestría como las pirámides de Egipto, por decir un caso conocido... Una verdadera pena, porque de esa manera nos ponemos a mirar el pasado con un ojo deliberadamente cerrado.
EliminarScarlett, es muy interesante lo que dices del interior de la Tierra en un sentido figurado. Podría ser muy bien así como lo planteas. De hecho, la ciencia con su constante avance va explicando paulatinamente cosas que, hasta ayer, eran consideradas magia. ¿No será que el hombre llama "magia" a lo que aún no puede entender, y cuando lo comprende le dice "ciencia"? No me parece que sean incompatibles. Y tampoco me parece que la ciencia (en el sentido de investigación racional) sea la única vía de conocimiento válida que tenemos...
Qué lindo poder charlar con ustedes de estas cosas, chicas... siento como si hubiera llegado a casa.
Lo inexplicable no siempre tiene que tener raíces científicas. Ni todas las explicaciones científicas deben ser aceptadas solo por serlo. La raza humana es muy frágil e inepta y solo usamos la cuarta parte de nuestro cerebro. Entonces, obligatoriamente tienen que existir entes superiores tal como somos superiores a los monos. Lo de los alienígenos esta de moda, porque suena científico. Si busco una respuesta seudocientífica prefiero la de mundos paralelos. Yo siempre ando en busca de portales, por eso lo de las 7 puertas A mi también me gustan mucho estas conversaciones y me alegra que sea mi novela las que las provoque.
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