Desde los diez años que estoy tratando de crear ficción:
novelas que nunca llegaron al fin, y tres que si lo hicieron. En una vida en
dos continentes y cuatro ciudades diferentes, por no mencionar una mudanza
eterna de casa en casa, mis pepeluchos se perdieron, terminaron en la basura o
en la hoguera. Tengo una novela en inglés muy ordenada, muy impresa, guardada en
su prolija cajita y que sirve de hogar a arañas en el fondo de un closet. Creo,
siento, me dicen, que esta novela, la
primera de una serie que iba a llamarse “Las Siete Puertas de María Hebrea”, es lo mejor que he hecho. Entonces no merece
tan triste destino. Por eso la pongo aquí para que la lea quien tenga
curiosidad.
¡Bienvenidos!
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